Las seis líneas del metro de Buenos Aires, que trasladan a un millón de pasajeros a diario, quedaron ayer paralizadas a raíz de una nueva huelga, la segunda en una semana, que desató trastornos en el tránsito de la capital argentina.
La protesta de 24 horas responde a la reclamación de los trabajadores del metro para separarse del sindicato de conductores de autobuses y crear su propio gremio, asunto que se discute desde hace catorce meses en el Ministerio de Trabajo.
El sindicalista Néstor Segovia acusó a la empresa Metrovías, que opera el servicio, de “generar una maniobra dolosa y tramposa al engañar al público diciendo que prestarían un servicio de emergencia cuando, en verdad, en la noche retiraron todos los trenes”.
El juez federal Ariel Lijo analizaba ayer una presentación de la compañía, que pidió la intervención de la fuerza pública para garantizar la prestación del servicio de las líneas de metro.
La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, instó el lunes a “acabar con los enfrentamientos” en el país y habló de “hechos provocados y otros reales”, al aludir al clima de crispación social que se vive en las últimas semanas.
La paralización del metro se suma a otras movilizaciones de protesta que bloquean accesos a la capital argentina.