Hasta en las calles, semáforos y supermercados las encontramos. Las flores han abandonado los jardines y las floristerías para acapar los mercados, especialmente el de una clientela que prefiere permanecer anónima al dejarse seducir por su aroma, textura o especie.
Una conjugación de un sinnúmero de expresiones, que en el trasfondo representan una inversión de varios millones de dólares.
¿Qué prefiere usted? Rosas, crisantemos, claveles, anturios u orquídeas, blancas o rojas, pequeñas o grandes.
Pues, todas ellas se mantienen en el mercado, pero librando una batalla por sobrevivir en medio de los extensos campos de flores importadas que sobrepasan las exportaciones panameñas.
Sin embargo, el negocio de las flores se mantiene en pie, aunque necesita de un "abono" especial, el respaldo y protección para que Panamá conquiste nuevos mercados como el chileno y el europeo, ambos expertos en esta materia.
Y es que las áreas productivas de tierras altas han disminuído, de 6 fincas que se dedicaban a la producción, a menos de 4, producto de las importaciones que se realizan desde Colombia y Ecuador.
Aunque el panorama no es optimista la industria de la floricultura se ha reconvertido para ingresar a nuevos campos como el de la exportación de plantas exóticas entre ellas: las orquídeas, las aves del paraíso o, los anturios.
Simplemente porque el mercado panameño es abastecido en un 70% por las importaciones, que significan flores más baratas y la oportunidad de exportar flores exóticas representa mayores ingresos que la producción de plantas tradicionales como crisantemos, claveles y rosas.
Así lo demuestra la variación de precios durante los últimos años, que hoy sólo representan la mitad de lo que se vendía hace 20 años.
Wilberth Ramírez, floricultor y con más de 30 años de experiencia, es consciente de que los precios han caído por la competencia que ejerce sobre este sector la importación de flores, no porque acapare los mercados existentes, sino porque han creado otros, y Panamá necesita abrirse hacia otros horizontes.
Por ejemplo, un ramo de crisantemos que en 1974 costaba $1.50, ahora se consigue entre 0.75 centésimos y un dólar.
"En 30 años hemos cortado nuestros ingresos a la mitad, en vez de incrementarlos como lo han hecho otros negocios" dijo Ramírez.
Por ello es que la producción de flores en Panamá tiene futuro si se dedica a la exportación, sin embargo obstáculos como la falta de una valoración fija de impuesto aduanero dificulta la labor.
"No existe una valoración realista y esto perjudica" recalcó Ramírez.
Aunado a esta situación la falta de protección y financiamiento impide que los floricultures puedan ser más competitivos, porque para competir con los grandes exportadores tendrían que realizar inversiones que oscilan entre 1 o 2 millones de dólares. De esta forma "se aseguraría una producción alta, con equipo y mano de obra necesario, pero los bancos no creen en nuestra industria" recalcó.
Esta situación no ha hecho que merme la venta de flores nacionales, que representa el 30% de la venta que se realiza a nivel nacional, donde las flores más vendidas son las rosas, los claveles y los crisantemos, los de mayor producción.
Pero Ramírez destacó que "la producción nacional no satisface la demanda, hay tantas importaciones que han creado su propio mercado de muchas maneras y si se cortaran las importaciones faltarían más de la mitad de las flores"
Esto no significa que el país no tenga capacidad para producir, pues los floricultores tiene la esperanza de que el futuro de las flores depende de la exportación.
Un negocio que florece
Este sector se ha reconvertido para ingresar en nuevos campos como el de la exportación de plantas exóticas.