Por ejemplo, a los EE.UU. le llevó 60 años alcanzar la universalización del servicio desde el momento en que la tecnología fue desplegada inicialmente. Considerar que la sociedad actual podría considerar tiempos de despliegue de este orden es ilusorio.
Esto crearía todo tipo de tensiones y desigualdades que no son compatibles con la visión democrática actual de acceso al servicio público.
De esta manera, la encrucijada tiene también una dimensión temporal. El despliegue de las redes de generación debe ser completado en un tiempo limitado, quizás no más de 10 años.
Estas consideraciones asumen una importancia aun más importante cuando se tiene en cuenta la importancia que las nuevas redes tienen como factor dinamizador de crecimiento económico.
Una cantidad de estudios ya han demostrado el impacto que la banda ancha tiene en lo que respecta al incremento de la productividad, la generación de empleo y la creación de empresas.
Un efecto quizás a veces soslayado es el efecto de derrame que el despliegue de nuevas redes puede tener desde el punto de vista de creación de empleo resultante de la necesidad de construcción de dicha infraestructura.
Si se asume nuevamente que la crisis financiera actual contiene una dimensión económica que puede acarrear desocupación y cierre de empresas, la construcción de nuevas redes debe ser considerada como parte de un programa económico dinamizador de construcción de infraestructura con matices keynesianos.
¿Cuáles son las opciones? En primer lugar, es obvio que en ciertos entornos de alta densidad urbana que concentran sectores sociodemográficos con nivel de consumo medio a alto, el sector privado puede invertir en el despliegue de nuevas redes con la expectativa de generar un retorno de inversión adecuado.
Es más, la competencia entre operadores de infraestructura llevará a la creación de incentivos adecuados para que esta inversión se haga efectiva. La experiencia de los EE.UU. muestra cómo la inversión de redes de fibra se concentra en aquellas zonas donde la densidad de demanda es alta.
El problema se plantea más allá de estos niveles.
El primer problema es el de la brecha de universalización.
Todos los análisis de rentabilidad indican que, cuanto más lejos de los tejidos urbanos de alta densidad, el retorno a la inversión se vuelve más problemático. Y más allá de esto, está el problema de los sectores sociodemográficos desfavorecidos y las zonas rurales donde es imposible rentabilizar una inversión de fibra. Continuará