En Washington y Nueva York hay satisfacción con el nuevo presidente colombiano, aunque aún subsisten demasiadas dudas sobre su programa económico. Un primer indicador de las expectativas que despierta el nuevo mandatario lo dieron las empresas calificadoras de riesgo.
Por ejemplo, los mercados financieros internacionales demostraron que Álvaro Uribe era su favorito para ganar las elecciones pues mantuvieron la calificación del país en el mismo nivel en que ha permanecido en los últimos meses. Sin embargo, como dijo un analista, "si su alegría hubiera sido total, se habría registrado una mejoría en la percepción".
El ideal hubiese sido que los papeles del Estado Colombiano tuvieran una mejor relación frente a los bonos del tesoro de E.U. Es decir, que estuviesen más cerca de los 500 puntos por encima que de los 600 de hoy.
Al fin y al cabo, el domingo se acabó la incertidumbre sobre lo que podía pasar en las elecciones, que era uno de los elementos que mantenía la cautela en los mercados por los dramáticos escenarios en materia de orden público y los riesgos de una segunda vuelta.
El comentario de Luis Oganes, analista de JP Morgan en Nueva York, resume el sentimiento de Wall Street: "Nos alegra el fuerte mandato que le dieron los colombianos a Uribe, pero nos preocupa que aún no ha hecho explícito su programa fiscal: ¿Cómo va a aumentar el gasto en defensa sin aumentar el déficit fiscal?".
El descuadre de las finanzas del sector público consolidado fue el año pasado de 3,3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), aproximadamente seis billones de pesos. Para este año, la idea es bajarlo, ojalá al 2,8 por ciento: 4 billones.
La pregunta del millón de dólares es cómo hacerlo y a la vez cumplir con las pautas que dio esta semana Rudolf Hommes, el gerente de empalme del nuevo Gobierno: las Fuerzas Militares requieren recursos adicionales de por lo menos dos puntos del PIB, que serían 4 billones de pesos. Hoy se les destinan 6 billones de pesos.
"En cualquier otro país, un mayor gasto en defensa es percibido como negativo e improductivo. En el caso de Colombia, sucede todo lo contrario. Nosotros entendemos que el mayor gasto en defensa se justifica, pero queremos saber cómo hacerlo", agrega Oganes.
Hommes, e incluso el propio Uribe, han sido claros en el sentido de que se requieren impuestos para financiar la guerra. Además, han hablado de un drástico recorte en burocracia, a través de una reforma radical del Estado.
EL TIEMPO pudo establecer con analistas en Nueva York, que Wall Street no está contenta con la idea de que el grueso del ajuste dependa de reformas que tiene que aprobar el Congreso. Lo único que los lleva a darle el "beneficio de la duda" a Uribe va en línea con lo que piensa el ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos: "el presidente tiene que aprovechar su capital político, que se gasta muy rápido, para lograr que el Congreso apruebe todas las reformas económicas".