La embajadora de EE.UU. ante la ONU, Susan Rice, condenó hoy la presunta detención e intimidación de personas en Darfur por haber conversado con la delegación del Consejo de Seguridad del organismo que visitó la región sudanesa a principios de mes.
"Estados Unidos condena enérgicamente las informaciones sobre el acoso, la intimidación y la detención de individuos en Darfur por hablar con miembros del Consejo de Seguridad", dijo en un comunicado la responsable de la Misión estadounidense ante Naciones Unidas.
Rice aseguró que Washington ha tratado a través del Gobierno de Sudán y Naciones Unidas, así como de otros canales diplomáticos, de confirmar las informaciones y garantizar la seguridad de quienes hablaron con los diplomáticos del Consejo que visitaron ese país africano.
Asimismo, indicó que la delegación estadounidense y la británica abordaron hoy este asunto una reunión del Consejo de Seguridad dedicada a los referendos de autodeterminación que se deben celebrar el próximo 9 de enero en el sur de Sudán.
"Todavía no hemos recibido ninguna información que alivie nuestras preocupaciones acerca de este asunto", agregó la embajadora.
En declaraciones a la salida de la reunión del máximo órgano, el embajador sudanés, Daffa-Alla Osman, negó que se hubieran producido detenciones entre las personas que se entrevistaron con el grupo de embajadores que visitaron Al Fasher, la mayor ciudad de Darfur, el pasado 8 de octubre.
"Hay dos personas detenidas, pero no fueron de las que hablaron con el Consejo de Seguridad, y se trata de delitos comunes cometidos en Al Fasher", afirmó el diplomático.
Osman señaló que los representantes de EE.UU. y Reino Unido no le pudieron presentar ningún nombre concreto de una persona represaliada a raíz del viaje a Darfur.
"Son unas denuncias sin fundamento", agregó.
El conflicto en la región sudanesa comenzó en enero de 2003, cuando dos grupos armados no musulmanes se rebelaron contra el Gobierno por la situación de pobreza en la que se encontraba sumida Darfur.
Según datos de la ONU, hasta 300.000 personas han muerto en la crisis humanitaria desatada por Jartum al enviar efectivos a la región para frenar la revuelta.