Las historias que el escritor argentino Martín Caparrós, uno de los cronistas más reconocidos de América Latina en las últimas décadas, trajo a la XXII Feria Internacional del Libro de Bogotá son el resultado de un viaje "chiflado" de 28 días por lugares que él mismo nunca pensó visitar.
"Es una especie de cabalgata incontenible por la miseria y el esplendor humano", dijo Caparrós en una entrevista con Efe antes de presentar hoy su libro "Una luna".
El volumen es el resultado de un recorrido que le encargó el Fondo de Población de las Naciones Unidas para su publicación anual "El estado de la población mundial", y en el que pasó de lugares de extrema pobreza y condiciones adversas a ciudades amables y civilizadas.
El escritor dijo que "Una luna" es un "hiperviaje" entre París y Chisinau, capital de Moldavia; entre Bruselas y Monrovia, la capital de Liberia; para ir luego de Amsterdam a París, seguir hacia Barcelona antes de llegar a Madrid, y de allí continuar hacia Lusaka, capital de Zambia.
"Cada cosa era más rara que la anterior, era un sobresalto detrás de otro y, en medio de los sobresaltos, los saltos, porque no paraba de viajar", comentó.
Después de una noche en París, Caparrós llegó a Chisinau para entrevistarse con Natalia, una mujer que fue vendida a un prostíbulo por su propio marido cuando estaba embarazada de él. La charla, que duró casi seis horas, "fue absolutamente agotadora. Yo me acuerdo que esa noche llegué al hotel a las siete de la tarde y no salí a comer, estaba destruido", dijo.
De allí viajó a Bruselas para volar hacia Monrovia, una ciudad que no tiene ni agua ni luz hace 15 años, en donde conoció a un joven que había tenido que huir de su hogar y, en medio de la fuga, vio cómo unos soldados se comieron a su abuela.
Su viaje continuó hacia París en búsqueda de algunos de los inmigrantes que en 2005 iniciaron una escalada de disturbios, caracterizados por la quema de coches, en respuesta a la muerte de dos jóvenes de una minoría étnica que huían de la policía tras una falsa acusación de robo.
También llegó a Madrid para entrevistar a varios de los africanos que, escapando de la pobreza, llegan en pequeños botes a las Islas Canarias. Y de España a Zambia, para hablar con migrantes que habían contraído el sida en países vecinos.
Para Caparrós, la intención de estas historias es que cada vez haya menos personas indiferentes ante los dramas humanos. "Ignorar es una actividad muy intensa, hay que hacer grandes esfuerzos para ignorar, pero es una de las actividades más habituales de nuestra civilización", aseguró.
"Nunca llego a sospechar la extensión de nuestra capacidad para el mal. Si en algo las mujeres y los hombres siguen sorprendiéndome, es en esa capacidad extrema para el mal", añadió.
Sin embargo, le preocupa que en algunas personas estas historias extremas no les sirvan únicamente para darse cuenta de los límites a los que pueda llegar el mal, y se reconforten al ver que existe alguien que enfrenta situaciones aún más difíciles que las propias.
Según Caparrós, este es un libro mucho más íntimo que sus anteriores obras, ya que su primera edición fue de tan solo 222 ejemplares que regaló a sus amigos como un recuerdo de su cumpleaños 50.
El escritor argentino continúa trabajando con el Fondo de Población y acaba de regresar de las Islas Marshall, en el Pacífico, como parte del informe que preparan este año sobre Cambio Climático.