El cine brasileño apuesta por los dramas humanos para buscar la universalidad


El cine brasileño, que atrajo la atención internacional con filmes sobre las favelas, apuesta ahora por dramas humanos más universales, como el que describe "No se puede vivir sin amor", que se proyecta hoy en el Festival de Cine Latino de Chicago.


La película, del director chileno afincado en Brasil Jorge Durán, es una oda al amor, entendido como sinónimo de la necesidad que tiene el ser humano de dar y recibir cariño de otras personas.


"Se trata de un conjunto de historias pequeñas que, aunque transcurren en Río de Janeiro, podrían ocurrir en cualquier otra parte del mundo", dijo hoy Durán a Efe en Chicago, donde acudió para presentar su película al público estadounidense.


El festival latino celebra hoy su ecuador con un homenaje a Brasil en el que la samba pondrá ritmo a una velada que tendrá como protagonista este tercer largometraje del director chileno.


Los protagonistas del filme buscan de forma desesperada alguien con quien compartir unas fechas tan señaladas como la Navidad y el Año Nuevo, que están a punto de llegar.


"Son personajes con vidas sencillas que convergen en esa búsqueda de afectos en unas fechas que, cuando uno está sólo, pueden ser las más negras del año", explicó Durán.

 

Durante los últimos veinte años, Brasil atrajo la atención internacional con un cine social en el que se narraban historias sobre las favelas, el tráfico de drogas y las diferencias entre ricos y pobres.


Sin embargo, en los últimos cinco años han surgido una serie de cineastas que quieren pasar de "hacer películas sociales sobre un país lejano y exótico a hacer simplemente películas", en palabras de Durán.


Su creación pretende ser "un respiro de humanismo", por ello está basada en historias cotidianas y construida en torno a algo tan básico y universal como la necesidad que tiene el ser humano de los otros.

 

Un joven abogado sin empleo y enamorado, un científico que no sabe si quedarse con su mujer o emigrar a Suiza, un hijo que busca a su padre, y una mujer que lleva mucho tiempo sin tener una relación se dan cita en este filme coral con un enemigo común: la soledad.


El director ha pasado los 30 últimos años de su vida en Brasil, un país en el que los ciudadanos empiezan a sentir que "tiene un rumbo certero y esperanzador".


"Esta autoestima y confianza repercute en el cine que se está haciendo en el país, aunque el cine brasilero adolece desde siempre de un problema grave: que está hablado en portugués, lo cual limita su circulación en el mundo hispano", esgrimió Durán.

 

Al creador le gusta inscribir su obra en un tipo de películas, "de bajo o medio presupuesto" que no por ello son "pobres de contenido", sino al contrario: expresan dramas "muy profundos".


La representación del cine brasileño en el festival se ha concretado en seis películas, que abarcan desde la situación en las favelas y la pobreza hasta dramas humanos más universales.


En "Solo cuando bailo", de la directora Beadie Finzi, dos adolescentes de una favela peligrosa de Río de Janeiro luchan por conseguir su sueño de convertirse en bailarines profesionales de ballet.


Por su parte, las protagonistas de "Sueños robados", de Sandra Werneck, intentan de manera desesperada salir de la miseria y acaban convirtiéndose en prostitutas.


Por otro lado, en las películas "180º", de Eduardo Vaisman; "Cómo olvidar", de Malu de Martino; "Los inquilinos", de Sérgio Bianchi y "No se puede vivir sin amor", de Durán, se abarcan temas que, aunque tienen a Brasil como escenario, podrían ocurrir en cualquier otra parte del mundo.


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670447
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América