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El Confabulario – 13 de octubre de 2013

Gilberto Soto (gilberto.soto@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Opinión

  • Jädran es un movimiento social y nada relacionado a la política. Nosotros, todo lo que tenga que ver con política lo rechazamos
  • Héctor López
  • Secretario de Jädran
5
  • mil indígenas aparecen inscritos en la agrupación que busca trabajar con las autoridades locales sobre los derechos ngäbes.
5
  • años tiene la agrupación que está en proceso de lograr su personería jurídica.

Las diferencias políticas y de criterios acompañadas del abandono histórico de los gobiernos son para un grupo de habitantes en la comarca Ngäbe-Buglé los principales motivos que los llevaron a un abismo colmado de necesidades.

Armados de valentía decidieron encarar a las autoridades tradicionales y de gobierno para exigir igualdad y demostrar que en la comarca no existen razones para mantener los niveles de pobreza extrema que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) reporta de un 35%.

Para saber de ese movimiento Jädran Nigwe Niren que se levanta y coge fuerza entre su gente, llegamos a tierra ngäbe. Allí, la aspiración es grande: erradicar la pobreza que alojan desde tiempos ancestrales y, para eso, realizan reuniones periódicas en sitios distintos.

La consigna es “dre, dre, dre”, que en lengua ngäbe significa derecho. En un improvisado discurso el 28 de septiembre pasado, Leonidas Salinas gritaba exaltado ante un centenar de “paisanos” que reunidos en Hato Chamí hablaban de su realidad. La intención era contagiar a los presentes de la necesidad de salir de esa actitud subyugada que han mantenido por años.

Allá donde se respira miseria y la pobreza entra por los ojos, la impotencia es colectiva. Culpan al egoísmo, la envidia y miedo del divisionismo que hoy los deja con pocas alternativas de mejores condiciones de vida en una “comarca desprotegida”.

Para Salinas y el resto del grupo hay una explicación clara: las autoridades tradicionales que han escogido se aprovechan de la posición para alcanzar beneficios personales, pasando por encima de los sueños y leyes. “No hay beneficio para la gente, a pesar de la ley comarcal de 2010. Se otorgan concesiones sin que las ganancias se perciban en la comunidad”, son algunos de los planteamientos.

La inquietud la comparten cerca de 5,000 inscritos en el movimiento Jädran social, que crece y busca convertirse en la representación legítima de los 200,000 indígenas que cohabitan en la comarca.

Igualdad de oportunidades en vivienda, trabajo y desarrollo son los principales reclamos. Para lograrlo, aseguran, el Estado debe reconocerles legalmente el derecho a la explotación o concesión de las riquezas naturales de la comarca, que por años han conservado. Dicen que es la única garantía de que realmente los beneficios cubran a los 6,968 kilómetros cuadrados que tiene la comarca.

El olvido estatal al que hacen referencia desestima las cifras reportadas por el MEF, de que los programas sociales del Gobierno permitieron que en el año 2012 se redujera la incidencia de pobreza en la comarca del 50% al 35%. “Nuestra gente no quiere limosnas. Ni bonos que durante décadas no han ayudado a solucionar el problema de pobreza en nuestras comunidades, por el contrario, han contribuido a que la pobreza en nuestras comunidades se aumente”, saltaban los comentarios entrecortados en español.

Ese mismo día, a kilómetros de allí, en Hato Rincón, la cacica Silvia Carrera intentaba calmar a otro grupo del movimiento Jädran, que exigía explicación sobre supuestas negociaciones bajo cuerda que se realizan en la capital entre empresarios sobre futuras concesiones en Cerro Colorado.

“Todos los días hay helicópteros sobrevolando el cerro y autos que entran a ver el lugar. Algo está ocurriendo y queremos saber. No vamos a permitir que bajo ninguna circunstancia la cacica vuelva a negociar sin ningún tipo de visto bueno del pueblo o del Congreso”, cuestionaban. Mientras no tengamos derechos legítimos sobre estas tierras, aquí siempre habrá oposición y nuestra gente se mantendrá alerta, anticipaba Eufermio Martínez, tesorero del movimiento Jädran.

El mensaje lo traduce Agripina Sandoya, presidenta del grupo, con base en la experiencia vivida el año pasado con la negociación de la Ley 11: “ella (la cacica) no podía autorizar la aprobación de un acuerdo sin la previa autorización del Congreso, que es la máxima autoridad. Eso fue una violación a la ley comarcal. Ahora pedimos que de llegarse a otorgar nuevas exploraciones en Cerro Colorado, sea el pueblo el que aparezca como propietario legítimo de la concesión”, dijo Sandoya.

La petición se basa en que son los ngäbes quienes tienen los derechos sobre esas tierras, “pero cuando se desarrollan proyectos de este tipo, ese derecho lo obvian las autoridades y simplemente hablan de regalías (5%) que al final en nada solucionan la serie de necesidades del pueblo”.

Mientras Sandoya concluía su intervención en Hato Chamí, las nubes que se arrastraban por los filos de las colinas, cedieron ante la presión de los rayos del sol y se desplomaron. La travesía comarcal siguió de Hato Chamí hasta Llano Tugrí. Para llegar al caserío de unas 180 viviendas, que la Ley 10 de 2010 definió como la capital de la comarca, hubo que recorrer 40 kilómetros desde el cruce de San Félix, en Chiriquí.

En el recorrido se observaron impresionantes vistas de cerros virginales y calles empinadas que escondían ranchos armados con pedazos de madera, pisos de tierra y techos de hojas. Sus ocupantes, que tímidamente se atrevían a mirar el paso del vehículo pick up que se utiliza como transporte, mostraban ingenuidad, pero sobre todo las secuelas del desamparo al que históricamente han estado sometidos.

En el centro de la comarca, en Llano Tugrí, se empiezan a levantar estructuras y donaciones de terrenos para albergar las 35 instituciones públicas que se construirán en lo que será la capital ngäbe. Para facilitar el acceso, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) concluyó la carretera con carpeta asfáltica. 15 carros doble tracción se encargan de trasladar a los residentes al pueblo.

Un proyecto de electrificación rural y la incursión en la enseñanza premedia y media con Bachiller en Ciencias son las primeras muestras de avances en la comunidad de 800 personas.

Óscar Tugrí, con 59 años de haberse radicado en Llano Tugrí, pronostica que en unos 15 años la comunidad pasará de lo desconocido al primer sitio indígena en desarrollo. Tugrí donó las cuatro hectáreas de la escuela y el terreno para la futura sede del Ministerio de Desarrollo Agropecuario.

Por ahora, solo sobresale la Casa de la Gobernación y la esperanza de un pueblo de que el desarrollo económico que abrazan los capitalinos llegue pronto. “Para que eso ocurra, nosotros nos encargaremos de que los derechos de los ngäbes se respeten y sean iguales al resto. Aquí no queremos politiquería, simplemente exigimos respuesta social”, es la meta de Héctor López, secretario del movimiento Jädran Nigwe Niren.

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