El Confabulario
El Confabulario – 25 de agosto de 2013

Inversión
220- dólares cuesta comprar cinco galones de pintura para actividades.
- dólares es el gasto operativo mensual de todo lo que implica pintar corazones.
Los corazones de cientos de panameños dejaron de latir al ser víctimas de accidentes de tránsito mientras iban camino de sus casas o trabajo. En memoria de ellos se pintaron corazones azules en varios puntos del país los cuales, aunque borrosos, los mantienen vivos en la memoria de sus familiares y envían un mensaje de cautela a la ciudadanía, pero la iniciativa pudiera llegar a un punto de agonía si no se le inyectan fondos para seguir andando.
La campaña “No más corazones azules”, impulsada por el Movimiento 23 de Octubre, ha intentado llegar a la conciencia de conductores y peatones para disminuir los accidentes de tránsito en el país, pero el camino se le ha empinado.
Desde el 2008, cuando el movimiento firmó un convenio con la Policía Nacional del Ecuador, se han pintado más de 650 corazones azules, pero por segunda ocasión la campaña, que se inició a raíz del trágico incidente de 2006 en la avenida Martín Sossa (La Cresta) ha tenido un traspié, se ha quedado sin financiamiento.
“Hemos tenido algunos bajones por falta de financiamiento, pero se está retomando nuevamente el camino”, reconoció David Ramírez, vocero del Movimiento de Usuarios 23 de Octubre.
No han dejado de trabajar, pero la falta de insumos y recursos los ha hecho bajar la intensidad, ya que mientras no se tenga financiamiento permanente, se hace difícil continuar.
Se quedan sin fondos
Hasta el año pasado contaban con apoyo de varias fuentes. Una de estas era el aporte que lograron obtener a través del Municipio de Panamá, bajo la administración del exalcalde Bosco Vallarino, en el que mensualmente recibían 2,000 dólares, dinero que solo les duró hasta febrero pasado.
Igualmente, el Ministerio de la Presidencia en el 2011, los apoyó con 85,000 dólares, lo cual fue invertido en la compra de insumos y un vehículo para poder trasladarse a los sitios donde familiares les piden pintar corazones.
En estos últimos años, la campaña ha logrado subsistir por la tenacidad de los miembros del movimiento, quienes no están dispuestos a dejar que muera este proyecto. Para continuar, aportan de su bolsillo o realizan actividades (bingo y tómbola) para poder obtener los recursos.
Lo mismo sucedió a mediados de 2009, la campaña se quedó sin presupuesto a menos de un año de haberse iniciado, justo cuando se empezaban a notar los primeros resultados.
El programa requiere fondos porque no se trata solo de pintar corazones, sino de realizar charlas sobre educación vial en escuelas, implica pautas, mensajes en medios de comunicación para, de esta manera, llamar atención de conductores y peatones.
Estimaciones del movimiento dan cuenta de que, por año, mueren un promedio de más 400 personas y resultan heridas de consideración más de 10,000.
El no contar con fondos también se ha podido palpar en las charlas de educación vial dirigida a estudiantes. En el 2011 lograron llegar a 3,000 niños; durante el 2012, a 167 niños, y en lo que va de este año a 300, aunque la meta es alcanzar los 5,000.
Ramírez destacó que se han percatado de que cuando la campaña está bien llevada, porque se cuenta con los financiamientos, se observa una disminución en los hechos. Citó que en el 2011 se registraron 381 casos, en los que también incidieron las medidas implementadas por las autoridades del Tránsito.
Definitivamente sigue habiendo mucha gente que muere porque la campaña no es una vacuna, sino busca crear conciencia nacional, y para que tenga efectividad tienen que ser sostenible en el tiempo, enfatizó el dirigente de los usuarios.
Para algunos conductores, la campaña les ha servido de disuasión, otros -por el contrario- no le prestan atención. Maritza Espino es fiel testigo de esto, luego de perder a su esposo y sus dos únicos hijos hace cuatro años en el accidente de Las Garzas, en Pacora, ha visto cómo personas pasan por ese punto, donde se pintaron corazones azules, y no les importa.
Espino llegó a pensar que accidentes como estos no iban a pasar más, pero le ha tocado ver cómo la gente no toma conciencia.
No termina de entender por qué se tiene que esperar a que ocurra un accidente para tomar acciones.
Aplaude el trabajo que realiza el comité, pero hay quienes no logran comprenderlo hasta cuando pierden a un familiar, por lo que hizo énfasis en que se necesita de mayor respaldo de las autoridades.
“Es lastimoso que esto haya quedado como si nada hubiera pasado”, expresó, sobre todo porque el caso se cerró sin avisarles a los familiares de las víctimas en septiembre de 2010, porque el conductor del camión volquete que chocó contra el bus que manejaba su esposo falleció.
Aldo Macre, director de Operaciones del Tránsito de la Policía Nacional, comparte la opinión de la viuda, puesto que admite que la intención de este grupo de la sociedad civil es buena, pero que tal vez el impacto no llega a los ciudadanos como debe ser porque la gente no presta atención. “Hacen caso omiso a los corazones azules”, añadió.
La psicóloga Magali Dunn considera que para que el mensaje tenga mayor probabilidad de "quedar grabado en las mentes" de las personas necesita ser percibido por la mayor cantidad de los sentidos (verse, escucharse, etc.).
Estos programas requieren de mayor apoyo para poder ser repetidos constantemente en todos los medios de comunicación, indicó Dunn, puesto que así la ciudadanía en general puede "conectarse" con el mismo, comprender realmente el mensaje, asimilarlo de tal manera que pueda "sentirlo", "vivirlo", "creerlo" y finalmente llevarlo a la acción; es decir, ponerlo en práctica.
“No podemos pretender que solamente el Movimiento 23 de Octubre y la Policía Nacional, con su programa de educación vial, tengan la solución absoluta para este problema que nos atañe a todos”, manifestó.