El Consejo de Seguridad de la ONU votará mañana un proyecto de resolución que daría luz verde a ampliar en casi 6.000 los militares con los que cuenta la Misión de la Unión Africana para Somalia (AMISOM), compuesta actualmente por 12.000 soldados.
El texto de la resolución, presentada hoy por el Reino Unido, pide concretamente a la Unión Africana (UA) que incremente el personal de su misión en el país hasta los 17.731 uniformados, "entre soldados y miembros de unidades policiales".
El objetivo del incremento de la fuerza de la misión, que opera bajo mandato del Consejo de Seguridad, es aprovechar la actual presión sobre el grupo radical islámico Al Shabab e incrementarla para debilitarlo todavía más, según señalaron fuentes diplomáticas en la ONU.
El incremento de la misión contempla la incorporación bajo el mando de la AMISOM, compuesta principalmente de soldados de Burundi, Uganda y Yibuti, de los soldados de Kenia que luchan en el sur de Somalia contra Al Shabab.
La resolución que se someterá el miércoles a la votación de los quince miembros del Consejo de Seguridad incluye además la prohibición de la exportación de carbón desde Somalia como medida de presión económica contra Al Shabab, ya que éste supone la principal fuente de ingresos de sus milicias.
Se espera que la resolución sea aprobada este miércoles, un día antes del inicio en Londres de la conferencia internacional organizada para analizar el futuro de Somalia, en la que participarán representantes de más de cincuenta países y organismos internacionales, entre ellos la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.
Somalia vive en un estado de guerra civil y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré, lo que dejó al país sin Gobierno efectivo y en manos de milicias islamistas, señores de la guerra tribales y bandas de delincuentes armados.
El Gobierno de transición comienza ahora a retomar un cierto control con la ayuda de los soldados de la AMISOM y la seguridad ha mejorado en la capital, Mogadiscio, tras la retirada de Al Shabab, grupo ligado a Al Qaeda, en agosto del año pasado, aunque los radicales islámicos han seguido cometiendo atentados suicidas.