El criminal es él y su entorno

La sociedad panameña adolece de programas de prevención de la violencia, lo que supone que a futuro tendremos una sociedad con altos niveles de delincuencia y criminalidad.


En los dos últimos años se han suscitado en Panamá crímenes que por la forma macabra como se han cometido, lleva a pensar que la violencia está cobrando niveles incontrolables. El último suceso ha sido el asesinato del sacerdote Jorge Altafulla Muñoz.
El Panamá América consultó con los especialistas Aida Selles de Palacios, directora del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá; Elaine Bressan, médica psiquiatra, y Fabio Bethancourt Herrera, especialista en psicología clínica. ¿Qué está pasando en Panamá en materia de violencia y criminalidad?
Aida de Palacios y Bressan coinciden en que la violencia que se vive en Panamá es producto de la ola de violencia que se registra en el mundo. Selles indicó que se debe recurrir a una cultura de paz, desaprendiendo esquemas arriesgados, en donde hemos establecido como válido y tolerable el resolver los problemas de manera violenta, sin acudir al diálogo.
Esta opinión es compartida por Bethancourt, quien señaló que "la manifestación de la agresión es una conducta aprendida", aunque hay optimismo ante la posibilidad de que las conductas violentas se desaprendan. En tanto, Bressan afirmó que la violencia es tan vieja como la misma humanidad, pero ahora hay más sensibilidad hacia las víctimas de esa violencia.
Aspectos tan monótonos como la forma en que se violan las normas en ese mal llamado "juega vivo del panameño" fueron señalados por los expertos como generadores de violencia y que al acrecentarse llegan a niveles incontrolables.
Elaine Bressan sentenció que cualquier tipo de violencia es grave. Lo peligroso es no darle la importancia que tiene y que la dejemos que llegue hasta una situación "aparatosa".
Recalcó que situaciones en donde políticos que cometen delitos no son castigados, envían un mensaje a las nuevas generaciones de que la deshonestidad y el juega vivo valen la pena y por lo tanto se alimenta más la "crisis de valores".
En el pasado los estudiosos tendían a clasificar a los criminales en grupos de acuerdo con criterios biosicológicos y tipológicos, entre otros. Hoy en día la "nueva criminología" no habla de perfiles y clasificaciones sino de causas, factores, condiciones, correlaciones y aspectos que pueden provocar que un ser humano sea criminal o no lo sea.
En ese sentido, Aida Selles de Palacios destacó que en temas criminológicos lo que hay son estudios de conductas y no del victimario. "Hay un principio criminológico que señala que cada delincuente es él y sus circunstancias; no hay delincuentes iguales o idénticos, pues pueden parecerse los medios y el hecho, pero nunca las circunstancias y las motivaciones", sentenció.
Añadió que en términos generales, el ser humano es una tríada psicológica, biológica y social, por lo que en esa misma medida hay factores que están más pronunciados, en un momento dado, en un sujeto que en otro.
Sobre esos factores que pueden predisponer a un ciudadano a ser un potencial criminal, consultamos el libro Criminología, del Dr. Alfonso Reyes Echandía, que señala como factores: la herencia, edad, alteraciones sicosomáticas, entre ellas la embriaguez, farmacodependencia y enfermedades mentales.
También aspectos ecológicos como la temperatura, el ambiente urbano y rural, y áreas delincuenciales. Hay también aspectos sociales como raza, sexo, fenómenos familiares, fenómenos culturales y finalmente aspectos económicos y políticos como la crisis económica, desigualdades socioeconómicas, régimen político y jurídico, entre otros, que determinan la conducta delincuencial de un ser humano.
En cuanto a la herencia, hay estudios que indican que existe una predisposición hereditaria que sumada a otros factores puede ser determinante en la personalidad y finalmente en la conducta violenta del ser humano. No obstante, esta predisposición está sujeta a transformaciones.
Pero el sólo hecho de tener una predisposición hereditaria no es determinante para que un individuo sea un criminal. Si a ello le sumamos una personalidad violenta y un ambiente adverso, se estarían desencadenando acciones que se pueden catalogar como delitos.
Hay que recalcar que aunque hay personas que presentan esa predisposición hereditaria, el ambiente en donde viven, la formación, el amor y cariño familiar que reciben no permite que ese factor aflore y finalmente pasa inadvertido.
Bethancourt, por su parte, mencionó que existen suficientes estudios que indican que hay personas más propensas a cometer un homicidio que otras: las que han sido expuestas a violencia familiar, a maltrato en la infancia (sobre todo físico y psicológico), quienes han sido objeto de abuso sexual y las expuestas a situaciones sociales de guerra (declarada y no declarada- el segundo caso es el de las pandillas). Igualmente mencionó a las personas que están en uso y abuso de drogas, las personas deprimidas y aquellas con bajo nivel de tolerancia.
Selles dijo que la pobreza no es necesariamente una condición para el crimen, pues de ser así todos los pobres tendrían que ser delincuentes para resolver sus problemas.
Esto está determinado dijo, por la educación, los valores que se le inculcaron en la familia, la atención que se le dio a sus necesidades desde niño y a su entorno social.
También indicó que otro factor es los valores que se exaltan, en donde los medios de comunicación desempeñan un papel muy importante en la influencia positiva o negativa hacia la persona, sobre todo si se habla de niños y jóvenes que todavía no tienen un discernimiento sobre qué le puede aportar a su vida o qué debe descartar.
Desde la niñez se pueden determinar las personalidades violentas. Generalmente esos niños tienen reacciones o juegos violentos y agresivos contra sus compañeros de escuela y que se pone de manifiesto ante frustraciones leves. Igualmente, actúan violentamente contra los animales y disfrutan o sienten placer en ello.
Bressan aconsejó a los padres que ven esos comportamientos en sus hijos, a que no tomen la situación por los extremos. Ni minimizar ni hacer de ello una tragedia. Dijo que se deberá hablar con el niño para saber por qué lo hizo, qué lo motivó, finalmente enseñarle que hay otras maneras de resolver los problemas y canalizar su ira.
111Aspectos tan monótonos como la forma en que se violan las normas en ese mal llamado "juega vivo del panameño" fueron señalados por los expertos como generadores de violencia y que al acrecentarse llegan a niveles incontrolables.
Por su parte, Bethancourt dijo que si se sabe que se puede predecir el nivel de riesgo que tienen las personas de cometer actos violentos, ¿qué están haciendo la policía y los equipos especializados para prevenir y detener la violencia?
El delito sigue una curva en la dinámica de vida, similar a cualquier otro comportamiento, dijo Selles, explicando que se puede presentar en los primeros años de vida, se acentúa en la edad escolar o pubertad y se hace más pronunciado hasta la edad de 25 a 30 años y finalmente disminuye como cualquier otra actividad del hombre después de los 40 años.
De hecho las estadísticas que maneja la Policía Técnica Judicial indican que el periodo de edad en donde se registran más delitos es entre los 14 y 34 años.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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