El ministro de Interior uruguayo, Eduardo Bonomi, y el embajador de Francia en el país, Jean-Christophe Potton, disfrutaron hoy juntos del partido en el que sus respectivas selecciones de fútbol se enfrentaron en el Mundial de Sudáfrica.
Ambos funcionarios vieron el encuentro entre la celeste y "les bleus" en el Liceo 'Jules Supervielle', donde también se reunieron un grupo de uruguayos y franceses residentes en el país que quisieron dar ejemplo de "hermandad en el fútbol".
"La idea es que el deporte no es sólo competencia, sino también amistad entre los pueblos", señaló a Efe el embajador Potton, ideólogo y organizador del evento.
El comedor del colegio se convirtió en un pequeño estadio con gradas y pantallas grandes donde hubo espacio tanto para las banderas uruguayas como para las francesas.
Los cerca de mil alumnos de la escuela 'hincharon' en su mayoría por la celeste y aunque los representantes diplomáticos asistentes no se pintaron los colores azul, blanco y rojo de su bandera, apostaban algo tímidos por "al menos un empate" entre las selecciones.
"El embajador es diplomático, pero yo soy ministro: yo quiero que gane Uruguay", afirmó entre risas Bonomi, que regaló a Potton una camiseta de la selección uruguaya firmada por todos sus jugadores.
El francés también regaló al ministro una camiseta de su equipo y aunque admitió que hoy "iba con Francia", agregó que lo que realmente quería era "ver a los dos equipos clasificados para la siguiente etapa".
Al final, casi todos los presentes se mostraron satisfechos con que el encuentro acabara en tablas, pero todos lamentaron no haber podido festejar ningún gol.
El empate a cero entre Uruguay y Francia hizo apagar un poco el entusiasmo de pequeños y grandes, aunque más de uno en el liceo suspiraba de alivio por no tener que enfrentarse al momento de felicitar al ganador.
Bonomi no fue el único ministro uruguayo que vio el partido rodeado de diplomáticos ya que su compañero, el ministro de Salud Pública, Daniel Olesker, que se encontraba en una Reunión Iberoamericana de Ministros del área en Buenos Aires, presenció el encuentro junto al embajador uruguayo en Argentina, Guillermo Pomi.
Otros ministros, como el responsable de Educación Ricardo Erlich y de la de Vivienda Graciela Muslera, afirmaron que intentarían llegar a sus casas a tiempo para ver el partido, mientras que la subsecretaria de Turismo y Deporte, Liliam Kechichián, dijo que lo haría con los funcionarios de su Ministerio, informó la Presidencia del Gobierno en su página web.
Mientras en Sudáfrica se celebraba el partido, las calles de Montevideo lucían desiertas y las tiendas, los coches y los balcones se llenaron de banderas blancas y celestes en apoyo a la selección.
El de hoy supuestamente era un día laborable, pero cuando llegaron las 15.00 hora local (18.00 GMT), media hora antes de que empezara el partido, ya comenzaba a ser difícil encontrar a alguna persona haciendo la compra, subiendo a un autobús o tomando un refresco en algún bar de la ciudad.
Cuando el partido terminó, la actividad en la ciudad se recuperó poco a poco, pero el silencio no desapareció del todo, porque si bien en el debut mundialista de Uruguay no hubo que lamentar una derrota, si se sintió no poder hacer sonar las bocinas para festejar el esperado primer gol celeste en Sudáfrica.