Funcionarios del Gobierno de Evo Morales se contradijeron hoy sobre un plan para vetar en las escuelas la lectura de algunos clásicos de la literatura boliviana con supuestos contenidos racistas, tras la polémica desatada cuando hizo ese anuncio el viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas.
El ministro de Educación, Roberto Aguilar, contradijo a Cárdenas y, en declaraciones a medios locales, negó que se vaya a prohibir la lectura en los colegios de esos libros clásicos.
"Las políticas educativas de la actual gestión (...) parten de un principio: el de la no prohibición de textos de lectura o de textos de la literatura boliviana", dijo Aguilar.
Pero Cárdenas, según el diario La Prensa, de la Paz, ratificó la intención oficial de eliminar del currículo educativo los libros que presuntamente son "racistas", entre ellos "Raza de Bronce", de Alcides Arguedas, que narra las penurias de los indígenas oprimidos por los hacendados en el altiplano boliviano.
Esa novela figura entre las "Quince Novelas Fundamentales" de Bolivia, según una lista elaborada en 2009 por académicos y escritores en reuniones organizadas por el Ejecutivo de Morales.
Otro libro en la mira de Cárdenas es "La niña de sus ojos", de Antonio Díaz Villamil, que relata la historia de una joven que niega sus raíces aimaras en busca de superación personal y termina rechazada por un pretendiente cuando él se entera de su origen.
El posible veto de libros ha sido criticado por literatos y pedagogos que incluso tildaron la idea de "inquisitorial".
El escritor Homero Carvalho dijo a Efe que "es absurdo (...) querer vetar libros por prejuicios sobre los contenidos o la posición política de los autores".
"La censura es un crimen que no debemos permitir, porque mañana los autores seremos censurados por nuestras tendencias políticas y pasado mañana seremos quemados o lapidados", sostuvo.
El literato Guillermo Mariaca opinó que "la historia de la humanidad, desde esa extraordinaria metáfora de la resistencia a la tiranía que es la Biblioteca de Alejandría, ya sabe que la guerra entre la libertad y el dogma es una guerra interminable".
Lamentó que "un grupículo desesperado por construir un poder absoluto" intente ordenar una "nueva quema de libros".