El Gobierno argentino consideró una "extorsión" la nueva huelga por conflictos sindicales que paralizó hoy las seis líneas del metro de Buenos Aires, que diariamente traslada a cerca de un millón de pasajeros.
"En lo formal esta no es una huelga, es una extorsión, un apriete", aseguró el ministro argentino de Trabajo, Carlos Tomada, en una rueda de prensa en la sede del Gobierno.
"Hay un nivel extorsivo de una dureza que no se corresponde con el intento de buscar una solución", apuntó el ministro.
La nueva huelga, que originó una importante congestión del tránsito, responde al "plan de lucha" que llevan a cabo los trabajadores del metro para escindirse del sindicato de conductores de autobuses y crear su propio gremio, asunto que se discute desde hace 14 meses en el Ministerio de Trabajo.
El servicio del metro quedó paralizado en medio de gritos y forcejeos entre miembros de ambos grupos sindicales antagónicos en la estación de Constitución, en el sur de la ciudad, y estos hechos se repitieron varias veces durante el día.
Metrovías, que además del metro opera una línea del ferrocarril suburbano, intentó establecer, sin éxito, un servicio de emergencia en medio de tensiones entre los grupos sindicales enfrentados.
"Es el séptimo paro que llevan a cabo en las últimas dos semanas", destacó Lucila Maldonado, portavoz de Metrovías, al subrayar que la empresa no es responsable de los perjuicios que sufren los pasajeros.
El ministro de Trabajo pidió "paciencia y responsabilidad" a los trabajadores que quieren escindirse del sindicato de conductores de autobuses e hicieron un pedido para formar su propio gremio.
"Presentaron un recurso ante la Justicia y allí nos dicen que tenemos 10 días para analizar el pedido. Pero mientras encontramos una solución, lanzan un paro en un servicio esencial", subrayó Tomada.
En principio, los trabajadores en huelga se comprometieron a retomar el viernes sus puestos de trabajo.