El Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva decidió hoy recortar la influencia de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), que dejará de ser responsable de las tareas de espionaje dentro del país, informaron fuentes oficiales.
"La visión de seguridad e inteligencia que predominaba hasta ahora era todavía la de los regímenes de excepción que imperaron en América Latina" en las décadas de los 60 y 70, dijo el ministro de Justicia, Tarso Genro, al explicar la decisión.
Genro indicó que la propia ABIN se encargará de la elaboración de una "nueva política de inteligencia y seguridad", adaptada a "la democracia" y a la nueva realidad del país y del mundo.
La decisión adoptada hoy impedirá, entre otras cosas, que agentes de esa agencia participen en tareas de escuchas telefónicas dentro del territorio nacional, una labor a través de la cual fueron detectados numerosos casos de corrupción durante los últimos años.
Según el responsable de Justicia, que evitó hacer comentarios al respecto, la nueva política de inteligencia deberá apuntar al combate contra el terrorismo, el crimen organizado y otros delitos propios de estos tiempos, como los informáticos.
La resolución sobre los nuevos límites de la ABIM se tomó durante una reunión encabezada por el propio Lula y en la que participaron Genro y otros seis ministros, así como el nuevo director general del organismo de inteligencia, Wilson Trezza, cuyo nombramiento fue aprobado por el Congreso la semana pasada.