El presidente Funes no cede ante las pandillas y sanciona una ley que las penaliza
Nueva Delhi
El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, dijo hoy que no cederá ante "chantajes" al sancionar una ley que penaliza las pandillas, en la jornada en que se cumplen 72 horas de paro en el transporte ordenado por estos grupos con amenazas para exigir al Gobierno que no avalara la norma.
"Independientemente de la presión que han querido ejercer las pandillas en nuestro país para que no se sancione la ley que proscribe las pandillas (...), el presidente de la República ha tomado la decisión de sancionar esta ley", anunció Funes en una conferencia de prensa.
El mandatario rubricó la Ley de proscripción de maras, pandillas, agrupaciones, asociaciones y organizaciones de naturaleza criminal, aprobada por el Parlamento el pasado 1 de septiembre y que penaliza la pertenencia y financiación de esos grupos con castigos de hasta diez años de cárcel.
"No nos vamos a dejar chantajear, no nos vamos a dejar presionar; lo peor que podemos hacer es que el miedo y la zozobra tome presos a los ciudadanos y el Gobierno no va a permitir eso", agregó al aludir a las amenazas de las pandillas Mara Salvatrucha (MS) y Mara 18 (M-18) sobre ataques al transporte, a funcionarios, soldados y policías en caso de que se aprobara esa ley.
"Seguimos con mano firme en la aplicación del plan de combate a la delincuencia que meses atrás dimos a conocer", ratificó.
Indicó que las pandillas "no pudieron cumplir lo que dijeron que iban hacer, justamente porque el Gobierno ha tenido capacidad de respuesta", aunque admitió que se registraron ataques a policías, el lanzamiento de una granada e intentos de revueltas en las cárceles.
Funes advirtió de que ha habido sectores que han tratado de "sacar provecho" de la situación.
"En río revuelto, ganancia de pescadores, y aquí lamentablemente hay pescadores que tratan de sacar partido, que tratan de sacar provecho", afirmó el jefe de Estado.
Apuntó que pese a que se le brindó protección a los transportistas, "algunos empresarios siguieron dando instrucciones a sus unidades de que no salieran, muy a pesar (...) de que se garantizó la presencia de fuerzas del orden en sus unidades".
Sostuvo que algunos han querido negociar demandas del sector y aseguró que eso tampoco lo van a permitir.
"Están queriendo sacar provecho particular de la situación que se creó con el anuncio que hicieron las pandillas en el país", agregó, al detallar que se refiere a "algunos empresarios del transporte" y "algunos partidos políticos", entre los que citó a la opositora Alianza Republicana Nacionalistas (ARENA, derecha).
El gobernante, que es periodista, aseguró que en una reunión que sostuvo con directivos de medios de comunicación locales les pidió que "no les faciliten sus micrófonos", sus cámaras, sus espacios "a los criminales porque les están ayudando".
"No es una censura lo que se está anunciando, no estamos queriendo influir en su línea editorial", aclaró Funes, y señaló que "los delincuentes están recurriendo a los medios de comunicación a difundir vídeos, a hacer anuncio públicos (...) para hacerse sentir, para hacerse notar, para generar un clima de miedo e intimidación".
Invitó, en ese contexto, a los medios a distinguir entre "la información y el rumor".
Desde el martes, el transporte colectivo en El Salvador quedó semiparalizado a raíz de la presión de las pandillas, que amenazaron con atentar contra vehículos y trabajadores de ese sector en rechazo a la ley en su contra.
En un comunicado difundido por medios locales el martes, la MS y la M-18, tradicionalmente enfrentadas entre sí, se hicieron responsables de la paralización del transporte, pidiendo "disculpas" a la población y anunciando que duraría 72 horas.
Además, propusieron un diálogo con el Gobierno, que ha sido descartado por varios funcionarios.
Centroamérica, en jaque y sin respuesta a la violencia de las pandillas
Panamá, 9 sep (EFE).- Las amenazas que han mantenido el transporte semiparalizado en El Salvador y la matanza de 17 obreros en Honduras han vuelto a colocar a las pandillas en el centro de la escena centroamericana, como protagonistas de una violencia que no encuentra respuesta y mantiene en jaque a la región. Analistas consultados por Efe llaman la atención de que las decenas de miles de pandilleros que hay en Centroamérica se encuentran cada vez más entroncados con el crimen organizado, y subrayan que los problemas de índole social que catalizaron el surgimiento de este tipo de grupos siguen sin ser atajados. El pasado martes miles de salvadoreños revivieron escenas que no recordaban desde la guerra que durante doce años (1980-1992) sembró de sangre ese país, como la de tener que subir en camiones militares o en autobuses custodiados por policías para poder acudir a sus puestos de trabajo. A diferencia de entonces, la razón ahora no es un conflicto bélico, al menos no convencional, sino que las pandillas Mara Salvatrucha y Mara 18 habían amenazado a los transportistas con atacar sus vehículos y empleados si salían a las calles, en un intento por hacer que el Gobierno dé marcha atrás a una norma que pena la pertenencia a este tipo de grupos. En la tarde del martes, un grupo de presuntos pandilleros, según el Gobierno, bajó de un vehículo en San Pedro Sula, en el norte de Honduras, y acribilló a balazos a 17 de los 20 trabajadores de una fábrica de zapatos, dejando a los otros tres heridos. Las autoridades hondureñas barajan como móvil un conflicto de pandillas o la negativa del dueño de la industria a pagar el "impuesto de guerra" que piden las maras. Son los últimos ejemplos de una situación que ha hecho de estos países dos de los más peligrosos del mundo. En El Salvador la tasa de homicidios es de entre 11 y 13 por día, mientras en Honduras los homicidios ascendieron a 66,8 por cada 100.000 habitantes en 2009. Otro país que sufre igualmente la violencia de las pandillas es Guatemala, con 17 asesinatos diarios y al menos 60.000 jóvenes enrolados en estos grupos. Guatemala tiene unos 22.000 agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) frente a un ejército de más de 60.000 pandilleros en todo el país, dijo a Efe Carlos Campos, del Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), organización privada que vela por el respeto de los derechos humanos. Campos indicó que este tipo de pandillas tiene una organización "eminentemente delincuencial" y subrayó que "se están unificando con el narcotráfico, lo que agrava la situación de violencia". Las autoridades guatemaltecas reconocen que muchos líderes de las pandillas que han sido detenidos son quienes ordenan las extorsiones al transporte y comercio desde el interior de las prisiones, y mandan a asesinar a los conductores de los vehículos de pasajeros cuando éstos se niegan a pagar. En el otro extremo de la balanza se encuentra Nicaragua, donde la directora general de la Policía Nacional, Aminta Granera, aseguraba esta semana que "¡no hay maras!" y destacaba los esfuerzos con jóvenes en riesgo, junto a grupos religiosos, familiares y líderes comunitarios. Tampoco sufre el mismo problema Panamá, donde las pandillas, según el sociólogo Gilberto Toro, están más identificadas con el modelo estadounidense y "no son grupos estructurados con miras a convertirse en una mafia, en un cartel o en algo superior, sino que son grupos espontáneos" enfocados a una posición de defensa territorial. El secretario general de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Francisco Rojas, llamó la atención sobre el hecho de que el tema de las pandillas había desaparecido de la agenda informativa de los medios en los últimos dos años debido al auge del combate al crimen organizado y el narcotráfico internacional. Sin embargo, Rojas señaló a Efe que las maras se han "profesionalizado" y actualmente tienen una mayor capacidad de recaudar dinero que los mismos gobiernos debido a los métodos violentos que utilizan. En su opinión, la respuesta de los gobiernos al fenómeno de las maras ha sido equivocada y destacó que las políticas de "mano dura" pusieron en la cárcel a muchos líderes de pandillas que desde prisión lograron coordinar a grupos antes dispersos. El problema continúa sin solución clara, pues no se están atacando las causas, es decir, los problemas económicos, el desempleo, la falta de oportunidades y de educación de los jóvenes, que se sienten discriminados y en desventaja, destacó el académico.