El primer año de Mireya


El analista político Jaime Porcell hace continuación comentarios en torno a la recomposición de las fuerzas políticas en las filas de la derrota alianza Nueva Nación luego de los comicios del pasado 2 de mayo de 1999.
Porcell además plantea las dificultades que podría tener la presidenta electa, Mireya Moscoso en cuanto a la gobernabilidad durante su próximo quinquenio debido a la minoría que tendrá su alianza en el Legislativo.
El connotado analista además apunta las primeras acciones que Moscoso podría adoptar para darle acción a su gobierno en los primeros cien días de su mandato y en especialmente destaca que las masas que apoyaron a Moscoso en su triunfo con gente sin medios y sin poder que sólo salen a votar cada cinco años.
El texto de los comentarios de Porcell es el siguiente:
Con Ejecutivo y Legislativo de su lado, Balladares y el PRD, dispusieron de una autoridad el último quinquenio, que no dispondrá Mireya. Pero, por segunda vez en sus veinte años de historia, el PRD pierde unas elecciones presidenciales.
La recomposición de fuerzas muestra un juego disparejo que otorgará vigencia en el gobierno de Mireya, a aquello de que política es el arte de lo posible. El PRD pierde el más poderoso de los tres poderes. Aunque el Liberal Nacional y sus tres legisladores, "brincan" mientras prometen apoyo al nuevo gobierno, Nueva Nación conserva el Legislativo. Además, durante el gobierno Balladares se nombra al Contralor y Procurador, por cinco y diez años respectivamente, y a cinco de los nueve magistrados de la Corte Suprema, sin contar los tres adicionales de la propuesta Sala Quinta.
Pero el país, ajeno a recomposiciones, transpira la ansiedad de la esperanza. Ansía ver al nuevo gobierno enfrentar con premura los retos de cumplir la revisión de aranceles, los patronatos de los hospitales Santo Tomás y San Miguel Arcángel, la descentralización municipal, los comedores infantiles, y tantas otras promesas de campaña. Los cien primeros días resultarán vitales para la imagen del nuevo gobierno.
Pero el debate político es cuestión de ganarlo día a día, y en eso el nuevo gobierno no la tendrá fácil. Vallarino atrajo a electores de altos ingresos y educación. Por su parte, Martín concitó, juventud y capas medias, de los centros urbanos. Ambos grupos, amos y señores de la palabra.
En retórica, el equipo Mireya podría quedar cojo. Como candidata, gana con los votos del arrabal y del campo, del pobre y del sin voz. Su mayoría silenciosa resulta poco elocuente ante el debate cotidiano. Su piso político, habla es con el voto una vez cada cinco años, pero también arriesga en acciones de calle. Dentro de su partido arnulfista, las mejores mentes estarán complicadas en el gobierno. Además, algunas brincaron donde Alberto. Siempre mantendrá la opción de apoyarse en aliados, lo que podría demostrar más debilidad que fortaleza. Por su parte, el grupo Artillero, que realizó un aporte cualitativo a la campaña, seguro será convocado a gobernar.
Mireya propone un gobierno para los pobres, que reniega del neoliberalismo y su obsesión privatizadora. Las IFIs, que tanto apoyo ideológico otorgan al gobierno Balladares, así como comerciantes importadores que se benefician con la baja de aranceles; no serán sus principales aliados. Deberá apoyarse a cambio, en agricultores e industriales.
El balance de fuerzas dificultará gobernar. Quienes practican el milenario Ju-Jitsu, utilizan el peso del adversario en su contra. La Presidenta requerirá a gritos, de un equipo que incorpore a la política, las sutilezas del arte oriental. Pero el arnulfismo tradicional, pleno en epopeyas cuerpo a cuerpo, no se distinguió por cultivar el sutil arte de voltear fuerzas. También es cierto, durante la campaña, la presidenta se rodeó de un equipo moderno.
Arnulfo nunca gobernó con medios favorables. Pero se trataba de otro Panamá. La posibilidad de éxito de un gobierno de esta era, se apoya en el poder de persuasión social. Gozar de la buena voluntad de los medios, resulta vital para transmitir la imagen deseada. Salvo una televisora, un periódico y sólo algunas radioemisoras de audiencia modesta; pocos muestran durante la campaña, ser proclives a la candidata. Por otro lado, la entrevista "exclusiva" en TVN, de la Recién Electa con la periodista Noli, envió un primer mensaje hacia Medcom, que no acortó distancias entre ambos.
Un panorama como el anterior, pareciera augurar un Panamá ingobernable a la puerta de la esquina. Pero la coyuntura encierra oportunidades formidables, que posibilitarían la gobernabilidad. Una, la reversión del mayor activo con que cuenta Panamá, su Canal, otra, la conformación del equipo de gobierno.
La coyuntura eleva los valores de personajes de perfil conciliador. Aquellos de línea dura, aunque de innegables méritos y de lealtad a toda prueba, llevarían al gobierno al enfrentamiento en condiciones desventajosas. Son los mismos que sirvieron de excusa u obstaculizaron, usted escoja su versión, el regreso de Vallarino y los Saltamontes. Los mismos que demasiado temprano salieron a lanzar diatribas contra aquella Democracia Cristiana tránsfuga, cuando todavía parecía recuperable para Unión por Panamá.
En todos los partidos se enquistan montoneras que, ni siquiera envidian la inteligencia; sencillamente la desprecian. La desverguenza las hace terriblemente más aptas para abrirse paso, que el talento quien sufre de pudor. Hábiles en tirar codo y meter zancadilla, dispuestas a servir de alfombra y a la lisonja fácil; y muy exitosas en aislar al líder ingenuo. A la Presidenta electa, le resultará un reto no caer en la tentación de aceptar versiones triunfalistas sobre la gestión, que la mantendrían cautiva en una especie de Nirvana donde todo es perfecto, mientras la alejan de la conflictiva realidad. Díganme lo malo, que lo bueno ya lo sé, dijo Torrijos.
A propósito, Mireya será la responsable ante la historia de que Torrijos (el mismo que la exiló con Arnulfo) y los Torrijos, el PRD, al igual que todos los panameños sin sectarismos, entren al canal.
Además de administrar el canal, el nuevo gobierno asumirá otro reto que sobrepasa banderas partidarias y que requerirá conciliar distintos grupos. Se trata de mejorar los índices de empleo y disminuir la pobreza.
El reto del primer año incluye algo más que hacer un buen gobierno. El estado moderno, deberá ser y parecer bueno. En una sociedad supercomunicada, el manejo de las comunicaciones tiene que ver con el éxito. El PRD, es un partido pleno en profesionales y ducho en el manejo de herramientas modernas para la administración del estado, como el mercadeo político. El tema resulta novedoso para un arnulfismo, aunque en la campaña ya lo incluyeron profusamente y con éxito. Hoy el nuevo gobierno podrá decidir, si incorporar temprano tales herramientas, o esperar el último semestre de la administración, como hiciese Endara.
El éxito que pueda acopiar un primer año de gobierno, pasará así, por la conformación de equipos de pensadores y ejecutores con capacidad de conciliación. Pasará por bloquear alabarderos gratuitos, por mantener la esperanza en el futuro de un país sin gringos pero con canal. Además, por modernizar el partido. No se pinta fácil, ¿verdad? Nunca algo que valga la pena resulta fácil.
El panorama para Moscoso será diferente al que encontró Pérez Balladeres, quien dispuso de plena autoridad al obtener mayoría legislativa, nombrar nuevos magistrados en la Corte Suprema de Justicia y al Procurador General de la Nación.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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