El primer ministro transitorio libio, Abderrahim al Kib, insistió hoy en la necesidad de poner fin a la libre circulación de armas en el país, tras el ataque de ayer a la sede del Ejecutivo en Trípoli.
A través de un comunicado, Al Kib invitó a los eruditos musulmanes, a los predicadores de las mezquitas y a los representantes de la sociedad civil a insistir en los peligros de la presencia incontrolada de armas.
Ayer, un grupo de milicianos, que protestaban por el impago de unas indemnizaciones prometidas por el Consejo Nacional de Transición (CNT), lanzó un ataque armado contra la sede del Ejecutivo, en el que, según fuentes oficiales, murió un agente de seguridad del edificio y cuatro personas resultaron heridas.
Para Al Kib, el ataque, que calificó de "sabotaje", fue obra de un grupo de personas "que no respetan las leyes".
"El Gobierno libio insiste en que respetará todos sus acuerdos, pero advierte de que no se someterá al chantaje ni negociará jamás bajo la amenaza de las armas", dijo el primer ministro.
Las autoridades paralizaron el pago de las indemnizaciones prometidas a los milicianos que combatieron contra las fuerzas del régimen anterior, tras detectar supuestas irregularidades en su reparto.
El ministro de Interior libio, Fawzi Abdelal, también instó a los milicianos "leales" a asumir sus responsabilidades y a apoyar al Gobierno para que pueda aplicar las leyes.
Abdelal les pidió que hagan frente "a todo aquel que pueda constituir una amenaza para la paz y la estabilidad del país".
Más de seis meses después de la caída definitiva del régimen de Muamar al Gadafi, el 20 de octubre de 2011, el Gobierno central aún no ha conseguido imponer su autoridad a muchas de las milicias que nacieron durante la revuelta popular armada.