El proyecto cuprífero Las Bambas, que requerirá de una inversión total de 4.200 millones de dólares, es la apuesta minera más importante de Perú, pero también puede significar un péndulo entre el desarrollo y el conflicto con las comunidades, alertaron hoy ambientalistas y sindicalistas del país.
Aunque el Gobierno peruano suscribió ayer un contrato para transferir la titularidad de las concesiones de Las Bambas con la suiza Xstrata Cooper, que espera procesar sus primeros minerales a partir de 2014, aun está pendiente la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental (EIA), presentado en mayo pasado.
Las Bambas se ubica a 4.650 metros de altura y se extiende sobre 35.000 hectáreas de terrenos en las provincias de Cotabambas y Grau, en la región de Apurímac (sur de Perú).
Al respecto, el representante de la ONG CooperAcción Jaime Consiglieri dijo hoy a Efe que Las Bambas "es una inversión bastante significativa, tanto que se le ha denominado el proyecto del siglo", pero alertó que "hay mucha desinformación sobre la real magnitud del proyecto y sobre el desarrollo de Las Bambas en la zona".
Ante la inminencia del inicio del proyecto, Consiglieri consideró necesario "respetar los derechos de las comunidades" rurales que habitan en las localidades de Cotabambas y Grau, así como "los mecanismos adecuados de transparencia", tras enfatizar que "no hay claridad en la reubicación de estas poblaciones".
El experto también recordó que los pobladores ya han expresado en el pasado su descontento respecto al Fideicomiso de Aporte Social, creado por Xstrata en 2004 para financiar proyectos de desarrollo social y al que ha aportado hasta el año pasado unos 47,5 millones de dólares, porque "en la práctica no ha funcionado como se tenía previsto".
Apurímac, situada en los Andes peruanos y con una población mayoritariamente quechua hablante, es una región sin tradición minera y una de las más pobres del país.
Su tasa de pobreza total es de 65,9% y los pobres extremos bordean los 30,7%, siendo Grau una de sus provincias más pobres, por lo que Las Bambas se mira con gran expectativa de desarrollo, no sólo por la generación de empleos sino también por el dinero que recibirá a través del canon minero.
El presidente peruano, Alan García, considera que el proyecto es "el contrato del siglo" en Perú, dado que además de la millonaria inversión que se destinará desde el próximo año, tiene previsto generar 3.600 puestos de trabajo directos durante su construcción y 1.350 puestos permanentes cuando entre en operación.
Pero Perú, donde la minería representa el 60% del total de las exportaciones del país, tiene en esta actividad una cantera de conflictos entre las empresas extractoras y las poblaciones donde operan, principalmente por la falta de comunicación, la desconfianza y la ausencia del Estado.
El secretario general de la Federación Nacional Minera, Metalúrgica y Siderúrgica del Perú (FNTMMSP), Luis Castillo, remarcó hoy a Efe que su gremio "saluda la firma de este convenio que es bastante significativo y que durará 18 años".
Castillo pidió a los inversores "que sean responsables en cuanto al medio ambiente, el derecho de las poblaciones alrededor del proyecto y de los trabajadores", tras recordar que Xstrata, que también explota la mina Tintaya, en Cuzco, tuvo problemas con sus trabajadores.
El dirigente minero además exigió al Estado que cumpla con su labor fiscalizadora para "conseguir los objetivos de mejoras sociales en la zona".
Las Bambas, que incluye las concesiones mineras de Ferrobamba, Chalcobamba, Sulfobamba y Charcas (donde se calcula existen 1.132.000 toneladas de mineralización de cobre), produciría inicialmente unas 400.000 toneladas anuales de cobre metálico en concentrados.
Perú, que es el primer productor de plata y teluro del mundo, el segundo de cobre y zinc, el tercero en estaño y el sexto en oro, tiene cerca de 20 millones de hectáreas dedicadas a la actividad minera entre exploración y explotación, lo que representa alrededor de un 15% de su territorio nacional, según cifras oficiales.