En muchas ocasiones, en Panamá nos caracterizamos por pasar a vertiginosas velocidades, de un extremo al otro del péndulo, produciendo, como es apenas natural, malestar y en ocasiones traumas innecesarios y evitables, con un mínimo de planificación. Precisamente eso es lo que está sucediendo con el carnaval capitalino. Al retorno de la democracia, las fiestas carnestolendas se organizaban exitosamente con el patrocinio de la empresa privada. Luego, el IPAT decidió aportar una importante suma y así promover el turismo en la ciudad de Panamá.
Aportes.
Durante la administración de Mireya Moscoso, la suma que aportaba el Gobierno Central a través del IPAT llegó a ser de cuatrocientos mil balboas. Con ese dinero se contrataban músicos y orquestas, y sobraba la mitad para gastos alegóricos y logísticos.
Excesos.
Pero entonces llegaron los excesos. En la administración de Martín Torrijos, los aportes se multiplicaron por diez, llegando a la exorbitante suma de cuatro millones de balboas. Todavía hay muchas preguntas por responder en torno al manejo de esos fondos. Ahora, el Gobierno decide cortar el chorro. No habrá Carnaval Oficial en la capital. En el interior será la cita carnavalesca para el 2010.