El Pulso de Panamá
El Pulso de Panamá – 21 de octubre de 2012
- El gobierno de Martín Torrijos toma acciones inmediatas para la reestructuración y reordenamiento del sistema de transporte.
- Se aprueba hacerle algunas reformas la Ley 14 de 1993, por la cual se regula el transporte público de pasajeros.
- Comienza a regir el nuevo Reglamento de Tránsito, sancionado en diciembre de 2006, tres meses después de la tragedia.
- Torrijos anunció la puesta en marcha del "Plan de Movilidad Urbana y Modernización del Transporte (Transmóvil).
- Decreto Ejecutivo 277 prohíbe la importación de vehículos tipo escolar para la prestación del servicio de transporte de pasajeros.
- La Corte Suprema de Justicia ordena suspender el decreto que establece “estado de emergencia” para acelerar la modernización.
- El gobierno del presidente Martinelli presenta el metrobús y anuncia que en diciembre llegan los primeros.
- Llegan las primeras 10 unidades del metrobús al país, marca Volvo, procedentes de Colombia.
- Se puso en marcha el nuevo sistema metrobús con 120 buses, se iniciaron operaciones en Corredor Sur.
- El metrobús solo opera en 16 rutas, aún faltan 9, entre estas Veranillo, 24 de Diciembre, Alcalde Díaz y Chilibre.
seis años después, la firme promesa de Noris de Jiménez aún resuena en la cabeza de Juan David: “Tranquilo, hijo, no te vas a morir”.
El joven, ahora de 16 años, rompe el silencio y relata cómo su madre luchó para sacarlo de las llamas que consumieron el bus 8B-06, de la ruta Corredor-Mano de Piedra, en el que murieron 18 personas calcinadas.
Una tragedia de la que ni siquiera se atrevió, por 72 meses, a hablar con sus hermanos y su padre.
En su casa, en Altos de Samaria, San Miguelito, en la que vivió por dos años con su madre, narra por primera vez la experiencia que aquella tarde del 23 de octubre de 2006 le tocó vivir, siendo apenas un niño de tan solo 10 años.
Aquella tarde, jamás imaginó que un paseo a la ciudad, para hacer algunas compras, se convertiría en una pesadilla y que su madre le daría por segunda ocasión el regalo más importante: la vida.
“Ese día, cuando venía subiendo, ella me dijo que íbamos a hacer un mandado. Yo también tenía que ir a jugar con los hermanitos Escartín en la escuelita de fútbol del Real Madrid, pero me fui con ella. En la tienda me estaba tomando una soda, pero mi mamá me apuró porque nos teníamos que ir y la señora de la tienda me dejó llevar la botella”, recordó.
El recorrido.
Mientras sigue el relato, las manos de Juan David empiezan a temblar. No es para menos, recordó cuando, junto a su madre, decidieron abordar el bus. Por momentos, el chico levanta la mirada pero ida, como adentrándose en esas tristes memorias; y luego de un suspiro, continúa. “Cuando esperábamos el bus en la parada, en Cerro Batea, mi mamá se encontró con una tía con la que conversaba. Yo tuve que decirle que ya venía el bus”, recuerda. “Le dije: mamá, viene el bus, vámonos”. Desconociendo que esa sería una trampa de muerte.
De pronto, el joven coloca la mano en su rostro y se vuelve a enfocar en lo ocurrido. Contó que junto a su madre, quien lo cargó en sus piernas, se sentó en uno de los últimos puestos del lado derecho del bus, y que cuando iban en el corredor, casi por la mitad, le dijo a su mamá que tenía calor. “Antes, cuando nos subimos, hacía frío y después sentía calor”, dijo.
Tras una corta pausa, Juan David volvió a empezar su relató. “De repente, un señor que iba en el bus dijo una “palabra sucia” cuando estábamos por Hossana, ese mismo hombre gritó que el bus se estaba quemando”.
En ese preciso instante, Noris, intuyendo el temor de su hijo y sin saber que sería su última conversación con Juan David, le prometió que él no moriría, que se quedara tranquilo.
“Mi mamá, no sé de dónde sacó fuerza y abrió la ventana y me tiró. Cuando caí al suelo, un señor me agarró y me puso a un lado. Yo quería regresar, pero no me dejaron”, aseguró.
A Juan David no solo le tocó presenciar cómo su mamá no logró salir de aquel infierno, sino que al ser uno de los sobrevivientes y de los primeros en salir, observó cómo otros pasajeros no lograron escapar de las llamas. “Vi cómo estaban quemados y la piel les colgaba”.
Al acercarse esta fecha, Juan David no puede evitar recordar la experiencia, la cual -confesó- fue muy traumática, no obstante, para él no ha sido impedimento para subirse a un bus, pues no siente temor de hacerlo.
Su voz se quebró, sus fuerzas se agotaban para seguir con su relato, pues él mismo confiesa que en estos días extraña mucho a su madre y siente mucha tristeza al no tenerla junto a él. “Ella me corregía y me hacía la comida”.
Ayer la tuve, hoy no.
Antes de la conversación con Juan David, su hermano mayor, Josué, nos reseñó qué pasó una semana antes de recibir la triste noticia.
Para ese entonces, él tenía 19 años, ahora tiene 25, manifestó que ocho días antes, “como cosa de Dios”, después de tanto tiempo de no vivir en casa, se quedó a dormir esa semana. Tuvo tres noches en las que se levantaba llorando en la madrugada.
Resulta que el jueves de esa semana, Noris se levantó, lo sostuvo en sus brazos como a un bebé y le preguntó que por qué lloraba y él le respondió que no sabía. Llegó el fin de semana y todos salieron, su papá con su mamá, y el resto, cada uno por su cuenta.
El lunes en la mañana fue el momento que muchos no se esperaban. Josúe se levantó y entró al cuarto de su mamá y le preguntó por su padre y esta le contestó que él se había ido para la bahía (El Terraplén) y que ella se estaba arreglando e iba a esperar a su hermano Juan David.
Como a eso de las 10:00 a.m., su mamá fregaba y él se relajeaba con ella como si fuera un niño de ocho años, algo que no había hecho en mucho tiempo. Mientras eso pasaba, Josué indicó que Noris estaba preocupada porque su hermano demoraba. Le dije que se fuera, que cuando Juan David llegaba lo cuidaría, pero la respuesta que obtuvo fue: “No, no, yo lo voy a esperar”.
Sentado en un sillón que daba con la entrada a la casa, esa mañana miró a su madre que estaba parada en la puerta y, de repente, se decía en su mente: “Dios mío, yo amo a mi mamá” y las lágrimas le corrían por su rostro. Noris se volteó y le preguntó: ¿Por qué lloras? Y él respondió: “No, mamá, porque te amo”, eran casi las 12:00 mediodía de este fatídico día.
“Jamás me imaginé que ese iba a ser el último día que vería a mi mamá bajar por esa vereda y esperar a las horas recibir una llamada en la que me dijeran que si yo estaba viendo en las noticias lo que estaba pasando”, sostuvo Josué, al instante que movía su cabeza como queriendo despertar de un mal sueño al recordar aquellas últimas horas.
A las 2:00 p.m. encendió el televisor y vio lo que sucedía. Lo primero que le vino a la mente fue ¿qué será de los familiares cuando se enteren de quiénes iban en ese bus?, sin saber, en ese momento, que los suyos se encontraban en esa situación.
Lo que vino después fueron llamadas, dos de sus amigos, uno de ellos se atrevió a decirle que su madre estaba en el bus, tanta fue la impresión, que el teléfono se le cayó de las manos. Abrió un espacio y expresó: “Madre es madre”.
Al asimilar la noticia, se vistió junto a una de sus hermanas y una tía para salir rumbo al Hospital del Niño donde estaba Juan David. En el camino se encuentran a su padre, que venía con una bolsa en sus manos, comiéndose un maní, a quien le cambió el semblante cuando le contó lo que sucedía.
“Dios mío, a mí no me puede estar pasando esto”, me dijo mi papá, contó Josué, quien recuerda todo como si el accidente hubiera sido ayer. Ya en el hospital, su hermano menor solo repetía: “No busquen a mi mamá porque ella no salió. Yo me quedé hasta el último instante, pero ella no salió”. A la mañana siguiente, martes 24 de octubre, Josué contó que su hermana Keyla reconoció el cuerpo de su madre. Mientras él se decía “Dios mío, no puede ser”; Juan David, acostado en la cama del hospital, les reclamaba: “Ahora, quién me va a llevar a la escuela, quién me va a comprar la ropa”, porque él era el más apegado a su madre de sus cuatro hermanos. Tal vez por eso su despedida se selló con un regalo de vida.