Una joven abogada que relegó su carrera, un entrenador forzado a utilizar botes rudimentarios y un par de hermanas que apenas dicen "¡hola!" en español, confiesan su pasión por el remo, un deporte alejado de las multitudes y poco practicado en la mayoría de los países centroamericanos y caribeños.
Desde hace largo tiempo, el deporte ha sabido atrapar a muchos que encuentran en su ejercicio el camino para sudar por un ideal, alcanzar la gloria o probarse a sí mismos ante los demás.
Lila Pérez es una locuaz mexicana que un día de esos decidió subir a un bote y empezar a remar en las aguas de Xochimilco, el famoso lago de 28 kilómetros de la Ciudad de México, donde nació hace casi 33 años.
"Me encanta lo que hago, no lo cambiaría por nada del mundo, desde que empecé a practicarlo supe que estaría con él por mucho tiempo", confiesa a Efe la abogada, con rostro radiante y segura de lo que dice.
"La práctica del remo es un muy intensa, dos veces al día, viajes y competiciones internacionales, pero sí, creo que está próximo el día en que me decida a crear una familia", confiesa la remera, que se colgó tres medallas de oro en el arrase de su país en el remo de Mayagüez.
De fácil conversar y expresiva mirada, Luisa Pérez remacha: "no lo cambiaría por nada", al menos en este momento.
"Es que me siento satisfecha de lo que he hecho, agradezco a Dios haberme encaminado hacia el remo, no me arrepiento y también debo decir que me siento muy agradecida del apoyo económico y moral que recibo de las autoridades deportivas de mi país", confiesa.
Con igual entusiasmo que la mexicana, pero con menos recursos y oportunidades, el nicaragüense Roberto Álvarez habla de sus más de quince años como entrenador de remo en El Salvador y de cómo ha logrado "armar" en su país un grupo de atletas que hasta hace poco se dedicaba a pescar.
"En Nicaragua no hay nada (para la práctica del remo), ahora es que ese deporte empieza a desarrollarse, apenas fue en marzo cuando se fundó la federación", explica el técnico.
Álvarez revela que sus atletas eran pescadores en Nicaragua, que fueron "entusiasmados" por la posibilidad de presentar a la nación centroamericana en competiciones internacionales.
"Esos muchachos han dado todo lo que pueden, aquí vinimos (a los Juegos) a tomar experiencia y lo hemos hecho con tan buen resultado que nos ubicamos en cuarto lugar en la categoría ligero doble masculino", dice en alusión a los 7:30.08 minutos que emplearon sus remeros Vicente Vanegas y Felipe Jarquín en recorrer los 2.000 metros de la prueba.
Este hombre fornido y de baja estatura revela que sus atletas debieron entrenarse en El Salvador y que los botes que utilizaron en la competición fueron prestados por Guatemala.
"Entreno con botes rudimentarios, de pescadores, no tenemos un sólo bote de competición medianamente aceptable, el Gobierno (nicaragüense) nos ayudó para venir hasta acá y llegar en un cuarto puesto es un gran avance para un deporte que apenas acaba de nacer en Nicaragua", puntualiza, al asegurar que "ahora seguirá entrenando con mayor dedicación".
Puerto Rico, el anfitrión de los Juegos, también ha tenido su motivo para celebrar en el remo de Cerrillos, aunque para hacerlo ha debido reforzarse con dos hermanas de padres boricuas.
Lejos de todo el oro de México, las puertorriqueñas Cristina, de 20 años, y Rebecca Félix, de 19, se sienten "orgullosas" de brindar a la tierra de sus progenitores la primera medalla en remo desde los Juegos de Ponce en 1993.
"Nuestro primer y principal maestro fue nuestro padre, quien desde pequeñas nos enseñó a nadar y a apreciar los deportes en sentido general", explicó Cristina, quien junto a su hermana ganaron el bronce en el doble abierto femenino.
Rebecca, un poco más tímida, admite que han recibido un "fabuloso" trato de los puertorriqueños y apunta que seguirán representando esa "bella" isla, donde nació su padre, Juan Carlos Félix, quien compitió por Puerto Rico en los Juegos Olímpico de Los Ángeles en 1984.
"Bueno, estamos tratando de aprender español, no es tan fácil (...) pero sabemos decir hola y mucho gusto", destaca con gracia Cristina, que al igual que Rebecca nació en California (EE.UU.).