El secretario de Estado para América Latina del Foreign Office británico, Chris Bryant, abogó hoy por una "apertura" al mundo de esa región, que debe "liberarse" de los problemas que la atenazan.
En un concurrido debate en Canning House, la casa de Iberoamérica en Londres, Bryant -excelente conocedor de la zona por hablar español y haber vivido allí en su pasada época de seminarista anglicano- trazó de ella un panorama más bien sombrío, pese a reconocer los avances democráticos en algunos países.
"Muchos problemas endémicos de la región siguen presentes. La violencia que sufre la gente normal, lejos de retroceder, va en aumento. Hay violencia por desplazamiento de poblaciones o porque no hay qué comer", recordó.
Pese a que el ordenamiento constitucional puede ser similar en muchos casos al de los países europeos, subsisten fuertes divisiones entre pobres y ricos, dijo el político laborista, quien descartó que eso sea "un modelo económico sostenible para el futuro".
La "liberación" que necesita Latinoamérica "no puede basarse en el llamado consenso de Washington ni en el antiyanquismo", señaló Bryant, en clara referencia al presidente venezolano, Hugo Chávez, y sus partidarios.
"América Latina tiene que ser un continente abierto y no cerrado al resto del mundo", subrayó Bryant, quien hizo hincapié en la importancia que tiene para la región el cambio climático con la desaparición paulatina de los glaciares y el crecimiento del nivel del mar e indicó que para cualquier acuerdo internacional es preciso contar con Brasil, México, Argentina y otros países de la zona.
El periodista, ex diputado conservador y viajero frecuente por Latinoamérica Matthew Parris, invitado también al debate, se mostró en desacuerdo con la descripción de la región del secretario de Estado.
Parris destacó la diversidad de los países que integran Latinoamérica, dijo que "no es útil" verlo como una zona homogénea y, en referencia a la violencia, aseguró que se siente más seguro, por ejemplo, en Bogotá que en Londres.
Bryant insistió, sin embargo, en el elevado índice de asesinatos en América Latina y afirmó que Guatemala bate en ese sentido todos los récords.
Frente a quienes criticaron, como hizo el vicepresidente de Canning House y ex secretario de Estado de Exteriores, lord Garel-Jones, el desmantelamiento de embajadas británicas en América Latina, Bryant explicó que "la diplomacia no es estar directamente en un sitio, sino poder actuar allí".
Insistió, no obstante, en que no hay intención de proceder a nuevos cierres de representaciones diplomáticas, pese a la crisis presupuestaria.
Uno de los asuntos que suscitaron mayor controversia fue la conveniencia de legalizar las drogas, una de las causas principales, según reconocieron todos, de la violencia en América Latina: el secretario de Estado para América Latina se manifestó en contra, mientras que Garel-Jones dijo que no comprende por qué Estados Unidos se empeña en su tajante oposición a despenalizar el consumo.
Como responsable también de las relaciones británicas con la UE, Bryant lamentó que los países europeos muchas veces traten de obtener ventajas bilaterales en las negociaciones con terceros, en lugar de acordar posiciones comunes, y citó el caso de Francia con Irán o de Alemania con Rusia.
En relación con América Latina, se mostró partidario de no subcontratar a España las relaciones con la región, pero dijo que le gustaría que durante el semestre de presidencia española de la UE se llegase a acuerdos de libre comercio con Perú y Colombia.
En declaraciones a Efe, Bryant especificó que, pese a que se han ido resolviendo temas comerciales como el banano o el whisky, el mayor obstáculo es la insistencia de sindicatos y parlamentarios tanto británicos como de otros países europeos en la inclusión de una cláusula sobre derechos humanos en cualquier acuerdo que se firme con Colombia.
Bryant recordó que, a pesar de los indudables avances, en Colombia sigue habiendo "más desplazados que en ningún otro país salvo Sudán, el Estado está casi ausente en muchas partes" de su geografía y sindicalistas y defensores de derechos humanos siguen siendo víctimas de la violencia, por lo que sentenció: "hay que ayudar a ese país".