El plenario del Senado brasileño aprobó hoy por una clara mayoría el nombramiento de Alexandre Tombini como nuevo presidente del Banco Central, tal como propuso la presidenta electa Dilma Rousseff, quien asumirá el cargo el 1 de enero próximo.
El nombramiento de Tombini como sucesor de Henrique Meirelles, quien ocupa el cargo desde el 1 de enero del 2003, cuando asumió el poder el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, fue aprobado con 37 votos a favor y siete en contra.
El pasado martes, la propuesta de Rousseff había sido analizada por la Comisión de Asuntos Económicos del Senado, que también le dio a Tombini un amplio respaldo, con 22 votos a favor y uno en contra.
El senador Álvaro Dias, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), dijo hoy que esa formación apoyaba la decisión de Rousseff porque Tombini "es un funcionario con todas las credenciales necesarias para asumir ese cargo".
Tombini, economista de 46 años, se desempeña actualmente como director de Normas y Organización del Sistema Financiero del Banco Central, institución en la que trabaja desde hace más de una década.
La semana pasada, al comparecer ante la Comisión de Asuntos Económicos del Senado, explicó que la misión que le ha encargado la presidenta electa es la de mantener las líneas maestras de las políticas que ha aplicado el Banco Central en los últimos ocho años.
"Vamos a garantizar el poder de compra del real, que es una conquista de la sociedad brasileña", y fijar como "prioridad el más estricto control de la inflación", sostuvo Tombini ante la citada comisión.
Agregó que mantener controlada la inflación es el principal "compromiso" que le planteó Rousseff en las conversaciones que han tenido desde que propuso su nombre, y también planteó la necesidad de avanzar hacia la "inclusión financiera", de modo que el sistema bancario incorpore a las capas más pobres de la sociedad.
"Cuando mayor sea el número de personas que usa y tiene acceso al mercado financiero, más eficaz será la política monetaria", afirmó.
Tombini también consideró que Brasil debe mantener el proceso de fortalecimiento de sus reservas internacionales, las cuales situó en 286.674 millones de dólares, un nivel que calificó de "moderado".
Según Tombini, el fortalecimiento de las reservas debe ser una "constante", pues supone el mejor "escudo" para proteger al país de un eventual recrudecimiento de la crisis financiera global que aún genera serias turbulencias en los países más desarrollados.