Ensayos examinan los efectos sociales y políticos de los terremotos en Latinoamérica


Una nueva colección de ensayos aborda el tema de los terremotos en Latinoamérica y explica que estos desastres naturales suelen traer el beneficio de revelar la corrupción interna y abrir oportunidades para grupos desfavorecidos.


El libro, editado por los historiadores Jürgen Buchenau y Lyman Johnson, recoge siete ensayos enfocados en desastres sísmicos en Latinoamérica, desde Lima en 1746 hasta el terremoto de 1985 en la Ciudad de México.


En su introducción, los editores utilizan el trágico terremoto de 1970 en Yungay, Perú, como caso de estudio.


En la tarde del 31 de mayo, un violento sismo sacudió la región de Yungay y provocó un aluvión por el desprendimiento de gigantescas cornisas de hielo del nevado Huascarán que sepultó la ciudad al pie de esta montaña.


Se estima que unas 70.000 personas en la región norte de Perú perecieron a causa del sismo y aluviones, lo cual provocó que el antropólogo Anthony Oliver-Smith lo llamara el "peor desastre natural en la historia de Latinoamérica".


A pesar de la destrucción masiva del desastre, Buchenau y Johnson destacan las consecuencias positivas que le siguieron.

 

En primer lugar, la ciudad se convirtió en una zona de prueba para los esfuerzos de reconstrucción tanto del país como del extranjero.


Los autores enumeran los errores que marcaron las muestras de ayuda internacional, desde planes de arquitectura soviética poco aptos para la vida andina hasta donaciones de ropa que incluían uniformes de una banda escolar de Texas.


Sin embargo, la experiencia sirvió para revisar los planes de respuesta a desastres y, a su vez, consolidó los esfuerzos comunales de los afectados.

 

Según Buchenau y Johnson, los desastres sísmicos revelan mucho más que las fallas geológicas, sino también las fallas económicas y sociales de las regiones afectadas.


En ocasiones estos desastres provocan medidas drásticas de control por parte del gobierno, muchas de las cuales responden a prejuicios sociales y desigualdades económicas.


Sin embargo, según los autores, esos momentos de crisis y transición que siguen a los desastres naturales a menudo sirven como catalizadores para importantes cambios en la movilización política y solidaridad del pueblo afectado.

 

Con numerosos ejemplos de diversas tragedias sísmicas, los colaboradores concuerdan con Carlos Monsiváis quien, tras el desastroso terremoto de 1985 en la Ciudad de México, afirmara que el sismo marcaba el comienzo de una sociedad civil en la ciudad.


Buchenau y Johnson resaltan que cinco naciones de Latinoamérica han registrado más de una decena de terremotos fuertes desde la época colonial.


Entre éstas se encuentran Chile (11), Colombia (16), Ecuador (10), México (17) y Perú (18), a las cuales se suma la región centroamericana con unos 22 terremotos significativos registrados desde la colonia.


No resulta sorprendente entonces que los desastres sísmicos en Latinoamérica exhiban, además de consecuencias políticas, sociales y económicas, una dimensión religiosa que según los escritores, ha estado presente desde la era precolombina.


En el caso del terremoto de 1976 en Guatemala, explica la historiadora Virginia Garrand-Burnett, no faltaron entonces, al igual que recientemente en el caso de Haití, las interpretaciones del desastre como castigo divino.


Según la historiadora, a pocas horas de la tragedia el arzobispo guatemalteco Mario Casariego le habló al pueblo conmocionado, exclamando que "Dios había puesto el dedo sobre la tragedia y ojalá no fuera a poner la mano".


(AFTERSHOCKS: Earthquakes and Popular Politics in Latin America.


Jürgen Buchenau y Lyman Johnson, eds. University of New Mexico Press.221 páginas).


fecha edicion
old id
526872
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América