La lentitud en las negociaciones y las diferencias entre los países pobres y ricos marcaron hoy la reunión de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático que se celebra en Bangkok.
"Hay muy pocas reuniones, no sé muy bien para qué he viajado 15.000 kilómetros, la verdad", señaló a Efe un delegado chileno, que también se lamentó de los escasos avances durante esta segunda sesión plenaria de la conferencia, que se clausura el viernes.
Tras los tímidos compromisos alcanzados en la cumbre de Cancún (México) del pasado diciembre, los países en desarrollo exigen a las economías industrializadas un mayor compromiso para que reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático.
Las naciones más pobres y las ONG piden asimismo la transferencia de tecnología y promesas concretas para contener la deforestación y la degradación de las selvas, cuya destrucción representa el 20 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, cifra sólo superada por la que produce el sector energético.
Las delegaciones de casi 200 países también debaten el papel de los biocombustibles, que por un lado reducen la dependencia de los combustibles fósiles, pero por el otro contribuyen a la deforestación.
Según la ONG Amigos de la Tierra, Estados Unidos representa uno de los principales obstáculos para alcanzar un consenso global para frenar el cambio climático.
El vicepresidente de la delegación estadounidense, Jonathan Pershing, indicó en una reunión preparatoria en Bangkok que su país no está dispuesto a cambiar su objetivo de reducir sus emisiones un 17 por ciento en 2020 con respecto a los volúmenes de 2005, lo que representa entre un 3 y un 4 por ciento respecto a 1990.
Estados Unidos, que no firmó el Protocolo de Kioto, también mantiene su negativa a participar en otro tratado vinculante similar cuando expire en 2012.
Según los expertos, los países industrializados deben reducir sus emisiones de gases contaminantes entre un 25 y un 40 por ciento en 2020 en relación a 1990 si se quiere evitar que las temperaturas suban por encima de 2 grados centígrados con respecto a los registros preindustriales y se desencadenen numerosos desastres naturales.
La cumbre de Cancún se salvó "in extremis" con el acuerdo para la creación de un Fondo Verde de 100.000 millones de dólares (69,9 millones de dólares) para los países en desarrollo hasta 2020 y una vaga mención a los derechos de los indígenas y la lucha contra la deforestación.
Estados Unidos, Japón, Canadá y Rusia se opusieron a la aprobación de compromisos vinculantes, así como a la extensión del Protocolo de Kioto, que establece una reducción del 5,2 por ciento respecto a los niveles de 1990 en 2012.
La mayoría de los países desarrollados cumplirán con este objetivo, con la excepción de Canadá, que ha elevado su contaminación climática un 30 por ciento.
La supervivencia de los pueblos indígenas y su labor para la conservación de las selvas tropicales supone otro de los desafíos para las delegaciones presentes en Bangkok.
La Alianza Internacional de Indígenas y Grupos Tribales de las Selvas Tropicales denunció hoy que los indígenas no son tenidos en cuenta por la mayoría de los países.
"Nuestra principal reivindicación es el reconocimiento de los pueblos indígenas y estar dentro de las negociaciones de cambio climático", dijo a Efe el asesor político de Alianza, el panameño Marcial Arias.
Arias indicó que muchas naciones en Latinoamérica, África o Asia no reconocen la propiedad de la tierra de los indígenas, los más vulnerables ante los efectos del calentamiento global y la deforestación.
Unos 370 millones de indígenas en todo el mundo dependen de los recursos de las selvas.
"Los indígenas son expulsados de sus tierras por las empresas madereras, hidroeléctricas, de petróleo, con el apoyo del gobierno y de las leyes nacionales", lamentó Arias.
Delegados de casi 200 países debaten esta semana en Bangkok políticas comunes contra el calentamiento global, en la primera de dos reuniones preparatorias antes de la cumbre de Naciones Unidas que se celebrará en noviembre en Durban (Sudáfrica).
Por Gaspar Ruiz-Canela