El boxeador español Rafel Lozano se ha convertido gracias a sus brillantes éxitos y a su estatura, el más bajo de los 310 peleadores inscritos para los Juegos de Sydney, en el más popular y admirado después de su triunfo ante el norcoreano Un Chol Kim y clasificarse para la final del peso minimosca.
Los aficionados australianos que acudieron a ver las tres peleas, que le han asegurado la medalla de plata en los 48 kilos y disputar el próximo sábado el oro con el francés Brahim Asloum, ya le han cogido un cariño especial y lo reciben con gritos de ánimo y entusiasmo en el Centro de Convenciones de Sydney.
Si Lozano había impresionado por su agresividad y espíritu de lucha, que demostró en la primera pelea frente al filipino Danilo Lerio y que ganó por puntos 17-15 en los últimos segundos, mayor sorpresa generó la inteligencia y estrategia que puso para ganar al keniano Suleiman Bilali, un peleador mucho más alto.
Con 150 centímetros de altura, Lozano superó con movilidad de piernas y rapidez de golpes a Bilali, que quería alcanzarlo con sus brazos más largos, pero le fue imposible y al final también perdió ante el español, esta vez por un sólo punto de diferencia (11-10).
"He realizado la pelea más inteligente y de mayor estrategia de mi vida", declaraba Lozano, de 30 años, después de asegurarse el triunfo y la segunda medalla de bronce olímpica consecutiva.
Representantes de equipos tan potentes como Cuba y Estados Unidos, que luchan por la supremacía del boxeo aficionado, tenían en su mente la imagen y el nombre de Lozano, a quien consideran el gran ejemplo del torneo por su ética de trabajo y sacrificio.
"Es algo increíble ver como un deportista a los 30 años, sin que en su país haya un apoyo al boxeo aficionado, pueda estar clasificado para disputar el oro", declaró a