Roberto Conrado Kelly subió ayer al estrado del prestigioso Anfiteatro de Altos de Chavón y recibió la estatuilla que lo consagró definitivamente como uno de los inmortales de la pelota latina.
El panameño de inmediato recordó lo importante que fueron las enseñanzas de sus padres para llegar hasta donde está.

“Gracias a mi padre, que me enseñó desde pequeño que todo con esfuerzo y dedicación se puede lograr. Gracias a mi madre por dejarme jugar béisbol y solo pedirme que llevara buenas notas a la casa”, dijo Kelly.
La noche no pudo ser más especial para Kelly, pues no solo se convirtió en el noveno istmeño en ingresar al Salón de la Fama, sino que además la ceremonia estuvo dedicada a Panamá, país con una importante tradición en béisbol.

Durante el acto, la emoción se reflejó en los ojos del pelotero panameño, que ingresó a este importante recinto en compañía del puertorriqueño Carlos Delgado, el cubano Luis González; el venezolano Ozzie Guillén, el mexicano Nomar Garciaparra y el dominicano Pedro Martínez.
El día anterior, el coach de tercera base de los Gigantes de San Francisco fue nombrado visitante distinguido por el Ayuntamiento de La Romana.
En la importante fecha, Kelly estuvo acompañado por su compatriota Omar Moreno, quien ya forma parte del Salón de la Fama Latino. Moreno desveló el viernes su estatua, la cual se ubica en el parque central de La Romana.