Evacuados en Uruguay esperan con "paciencia y fe" el regreso a sus casas


En los refugios habilitados en Durazno, el departamento más afectado por las últimas inundaciones en Uruguay, el lento paso del tiempo obliga a los damnificados por las lluvias a recurrir a la paciencia y a la fe mientras aguardan el ansiado regreso a casa.


En esa región situada a 180 kilómetros al norte de Montevideo se han registrado más de la mitad de los 6.500 evacuados de todo el país. Los otros departamentos inundados son Soriano, Tacuarembó, Paysandú, Treinta y Tres, todos en el interior.


Tras las intensas lluvias vividas durante el pasado fin de semana y el lunes, el río Yi, que cruza Durazno, llegó a alcanzar una altura 12 metros superior a la habitual.

 

Hoy, después de cuatro días bajo las aguas, Carlos Garcés, portavoz del Centro de Emergencias Departamental de Durazno, afirmó por primera vez que la situación "está controlada".


"Ahora empieza la segunda parte del trabajo para los servicios de emergencias", la desinfección y el acondicionamiento de las casas que se van secando y la atención y organización de los damnificados, explicó a Efe en el lugar.


Son 18 refugios, repartidos por todo el departamento, los que acogen actualmente a las 4.389 personas que tuvieron que abandonar sus casas y no tenían dónde cobijarse.

 

"Eran las dos de la madrugada cuando yo estaba en el techo de mi casa y vino una barca por mí y por mi familia", contó a Efe César, uno de los damnificados por las inundaciones que se ha instalado en el Estadio de fútbol Silvestre Londoni, habilitado para los evacuados.


César asegura que su historia "podría haber acabado muy mal", pero al mismo tiempo, resignado, insiste en que en Durazno están "acostumbrados a estas cosas" así que ya "no se viven con tanto susto".


La última vez que la localidad sufrió las consecuencias de la crecida del Yi fue hace sólo tres meses, en noviembre pasado, aunque las inundaciones que se recuerdan con especial angustia son las de 2007, cuando los evacuados en el departamento superaron los 7.000.

 

"Esta vez, cuando empezamos a ver que subía el río, fuimos sacando nuestros muebles y pertenencias afuera. Las llevamos a la casa de un vecino y ahí siguen", explicó a Efe Alfredo, un jubilado que además aseguró que "por muy preparado que uno esté, siempre se siente algo de miedo".


La peor catástrofe que se podría haber vivido en esta ocasión era el temido colapso de la planta de agua que abastece a la ciudad y a la que el río no logró desbordar por sólo 10 centímetros, gracias a que los bomberos colocaron un muro de contención.


Los más pequeños "son los que más se asustaron", explicó a Efe una voluntaria del refugio del estadio, donde se han empezado a organizar juegos y deportes para los niños y adolescentes evacuados.

 

Este tipo de escenas se repiten por todo el departamento, donde se organizan ollas populares entre los vecinos de algunos barrios para dar de comer a los que lo necesitan.


También se comparten barcas para ir en busca de las pertenencias que se hayan podido salvar, se ofrecen espacios para guardarlas y se donan, desde todos los puntos del país, ropa, comida, calzado y productos de limpieza.


La "solidaridad uruguaya", como la llamó Garcés, hace más llevaderos los días en el refugio, una estancia que para algunos puede llegar a alargarse hasta las tres semanas.


Ahora que el río baja, las precipitaciones han cesado y la vida en Durazno se empieza a normalizar, a los evacuados sólo les queda esperar con "paciencia y fe" a que llegue el momento de volver a casa, apostilló Alfredo.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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