EXTRAVAGANCIA** Finalmente la ex presidenta Mireya Moscoso aceptó que durante su gestión utilizó recursos públicos por más de dos millones para comprar ropa, adornos y accesorios y medio millón para joyas (¿incluirá esto los Cartier que obsequió a sus ministros?). Ha justificado esas compras en que el salario del cargo que ocupó (¡siete mil dólares!) resultaba insuficiente.
ESCANDALO**Es inaceptable esa respuesta. Un país en el que un tercio de la población sufre de pobreza no puede permitirle a sus gobernantes adquirir con recursos públicos vestidos de mil, cien ni siquiera veinte dólares. Tampoco el gasto relacionado con la ambulancia que la seguía por doquier, ni los (sí, los) helicópteros (recuérdese el HP 1430, además del Torocóptero), ni los séquitos que la acompañaron en sus viajes.
DELITO**Ella tiene sus propios recursos para decorarse a su antojo. En vez de modelar Sara Bassan, Valentino, Dior, etc., bien le hubiera hecho a su gestión algo de sencillez que fue precisamente lo que le ganó la simpatía de los panameños que la eligieron. Es más, ¿si se compraron con recursos del Estado, dónde están? Sí se quedó con los vestidos y las joyas, se está ante un grave delito.