La presidenta argentina, Cristina Fernández, llega al ecuador de su mandato con minoría parlamentaria tras las elecciones legislativas de junio y desgastada por los enfrentamientos con el sector agrario, la oposición y la polémica desatada por la ley de medios audiovisuales.
Elegida en octubre de 2007, Fernández no ha logrado en estos dos años de gestión despegarse de la sombra de su marido, el ex presidente Néstor Kirchner (2003-2007), a quien ex ministros y analistas locales atribuyen las decisiones más importantes y conflictivas del Gobierno.
Kirchner, que acaba de jurar como diputado del nuevo Parlamento -constituido en los primeros días de diciembre-, sufre en carne propia las consecuencias de la derrota en las elecciones legislativas del pasado junio.
De nada sirvió su decisión de adelantar las elecciones, inicialmente previstas para octubre, en un intento por asegurar la victoria antes de que Argentina comenzara a acusar los coletazos de la crisis económica internacional.
El peronista Néstor Kirchner fue vencido por escaso margen por otro peronista, pero disidente, Francisco de Narváez, un empresario de origen colombiano que promete dar batalla contra el Gobierno.
En las últimas semanas, el ex presidente fracasó también en su estrategia para imponer el criterio oficialista a la hora de repartir el poder en las comisiones parlamentarias, lo que hace suponer que el Ejecutivo tendrá que enfrentarse en los próximos dos años a complejas negociaciones con la oposición.
Mientras Kirchner acaricia la idea de volver a competir por el bastón presidencial en las elecciones de 2011, su esposa trata de introducir algunos cambios en su imagen, suavizando los aspectos más criticados por los votantes, como la soberbia o la ausencia de diálogo.
Fernández ha intentado acercarse a la oposición, sin éxito, y las organizaciones agrarias, enfrentadas con el Gobierno desde el pasado año, cuando protagonizaron una huelga que provocó pérdidas millonarias y supuso un zarpazo para el Ejecutivo, acosado por manifestaciones y "cacerolazos" que no se habían visto en las calles argentinas desde el crack de 2001.
Cuando todavía coleaban los efectos de la llamada "guerra" con el campo, la presidenta se embarcó este año en un nuevo enfrentamiento con otro poderoso sector: los medios de comunicación.
Fernández impulsó una ley de medios audiovisuales que supone en la práctica un golpe económico para algunos de los grandes medios locales, en especial el grupo Clarín, el más importante del país.
Otras polémicas decisiones, como la nacionalización de los fondos privados de pensiones, han sido cuestionadas por la oposición y parte del empresariado.
Pese a los cambios introducidos en el Ejecutivo, con el relevo del jefe de Gabinete y el ministro de Economía -por segunda vez en dos años-, y aunque Argentina no ha sido tan duramente sacudida por la crisis internacional como se temía en un principio, Fernández no ha logrado que los argentinos confíen en las cifras oficiales sobre los indicadores económicos.
Muy pocos confían en las estadísticas de inflación, que según el Gobierno no supera el 8 por ciento anual y que instituciones privadas sitúan en más del 15 por ciento.
Tampoco ha conseguido rebajar los niveles de inseguridad y pobreza, alrededor del 20 por ciento según cálculos oficiales, que informes privados elevan hasta el 40 por ciento.
Una encuesta divulgada en noviembre reveló que la mayoría de los argentinos cree que vive en un país "en penumbras", que navega "sin rumbo", en el que reina la inseguridad y la confrontación, y falta un modelo y un liderazgo claro.
Paralelamente, la presidenta ha intentado dar un giro a la política exterior que había mantenido su marido, acercarse a organismos internacionales, como el Fondo Monetario y el Banco Mundial, y mantener una activa agenda internacional, sobretodo con sus vecinos y socios en Mercosur, e iniciar tímidos acercamientos a Estados Unidos.
En 2010, cuando Argentina se sumará a las celebraciones del Bicentenario, presidirá Mercosur, el foro América Latina y Caribe y será anfitriona de la Cumbre Iberoamericana, Cristina Fernández tendrá una buena oportunidad para impulsar la imagen del país y medirse con Brasil, líder indiscutible de la región.