La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, homenajeó hoy en el norte del país al obispo Enrique Angelelli, supuestamente asesinado por la dictadura, y aseguró que su Gobierno construye una nación "más igualitaria y más federal" como la que soñaba el religioso.
"Si monseñor Angelelli estuviese vivo, no tengan dudas de dónde estaría hoy: estaría junto a los pobres. Por eso hoy lo recordamos dando igualdad de posibilidades para todos", subrayó Fernández en un acto en la provincia de La Rioja al cumplirse un nuevo aniversario de la muerto del obispo.
Acompañada por su marido y antecesor en la Presidencia, Néstor Kirchner, y por el gobernador riojano, Luis Beder Hererra, la mandataria pidió al pueblo de este norteño distrito que permitiera que Angelelli se convierta en una "bandera de todos los argentinos".
Angelelli, que formó parte de un grupo de obispos que denunció las violaciones de derechos humanos cometidas en la dictadura (1976-1983), murió en extrañas circunstancias en 1976 al volcar la camioneta que conducía por una carretera de La Rioja, 1.150 kilómetros al noroeste de Buenos Aires.
En el momento de su muerte, el obispo, que tenía 53 años, llevaba consigo un informe con las pesquisas que había realizado sobre el asesinato de dos sacerdotes y un laico a manos de militares.
"Hoy es un día muy especial porque venimos a recordar a un hombre, a un sacerdote que luchó por los que menos tenían. Y no lo hizo desde la retórica, desde una homilía, sino que lo hizo con el compromiso de estar junto a los pobres", sostuvo Fernández.
"Ese compromiso le llevó a enfrentar intereses de quienes necesitan tener a los pobres para explotarlos en la tierra y en el trabajo. Por eso Angelelli fue asesinado, porque tuvo un compromiso con el Evangelio más allá de la palabra", enfatizó.
El año pasado, una autopsia efectuada al cadáver del obispo descartó que el llamado "mártir de los pobres" fuera víctima de "golpes o disparos", pero la causa por homicidio sigue su curso.
En 2005 la Justicia reabrió la investigación del caso, que, a juicio del entonces presidente Kirchner, fue "un asesinato".
Además de Angelelli, durante la denominada "guerra sucia" 19 sacerdotes desaparecieron o fueron asesinados, otros 11 fueron secuestrados, torturados y liberados, y 22 más fueron detenidos por persecución política, según organizaciones humanitarias.
Entre las 30.000 víctimas de la dictadura también hubo 11 seminaristas y cuatro religiosos, entre estos últimos las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon.