Funes dice que Centroamérica necesita apoyo EE.UU. para combatir al crimen organizado
Nueva Delhi
El mandatario de El Salvador, Mauricio Funes, aseguró hoy que Centroamérica necesita el apoyo de Estados Unidos para combatir la delincuencia común y el crimen organizado, y reiteró su respaldo a una estrategia regional.
"La lucha contra la delincuencia común y el crimen organizado no es una lucha que podamos llevar a cabo los países solos, prefiero una estrategia regional", dijo Funes en una conferencia de prensa.
"Para este combate necesitamos el apoyo de los Estados Unidos y se lo hemos solicitado", complementó.
Puntualizó que están planteando "la construcción de una alianza con los Estados Unidos para combatir la delincuencia y el crimen organizado".
Al ser consultado sobre unas declaraciones de la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, quien afirmó durante una intervención ante el Consejo de Relaciones Exteriores que los países de Centroamérica "no tienen esa capacidad" en la lucha contra los narcotraficantes, Funes la respaldó.
"Si ella dijo que Centroamérica no tiene capacidad por sí sola para enfrentar el narcotráfico y el crimen organizado, está en lo cierto", sostuvo.
Clinton señaló ayer que, ante el incremento de la "narcoviolencia", México "se está pareciendo más como se veía Colombia hace 20 años" y reiteró que EE.UU. seguirá apoyando la lucha contra el narcotráfico.
Estimó que se requerirá una combinación de "mejor capacidad institucional" y "voluntad política" para evitar que el problema se propague al resto de países.
"México tiene la capacidad y la ha estado utilizando, y han estado muy dispuestos a aceptar consejos" en la lucha contra los narcotraficantes, pero los países de Centroamérica "no tienen esa capacidad", advirtió.
El mandatario salvadoreño recordó que en la cumbre de presidentes del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) celebrada el pasado 20 de julio en San Salvador se relanzó la integración, y entre sus pilares se incluyó la construcción de una estrategia regional de combate a la delincuencia y el crimen organizado.
Centroamérica, en jaque y sin respuesta a la violencia de las pandillas
Panamá, 9 sep (EFE).- Las amenazas que han mantenido el transporte semiparalizado en El Salvador y la matanza de 17 obreros en Honduras han vuelto a colocar a las pandillas en el centro de la escena centroamericana, como protagonistas de una violencia que no encuentra respuesta y mantiene en jaque a la región. Analistas consultados por Efe llaman la atención de que las decenas de miles de pandilleros que hay en Centroamérica se encuentran cada vez más entroncados con el crimen organizado, y subrayan que los problemas de índole social que catalizaron el surgimiento de este tipo de grupos siguen sin ser atajados. El pasado martes miles de salvadoreños revivieron escenas que no recordaban desde la guerra que durante doce años (1980-1992) sembró de sangre ese país, como la de tener que subir en camiones militares o en autobuses custodiados por policías para poder acudir a sus puestos de trabajo. A diferencia de entonces, la razón ahora no es un conflicto bélico, al menos no convencional, sino que las pandillas Mara Salvatrucha y Mara 18 habían amenazado a los transportistas con atacar sus vehículos y empleados si salían a las calles, en un intento por hacer que el Gobierno dé marcha atrás a una norma que pena la pertenencia a este tipo de grupos. En la tarde del martes, un grupo de presuntos pandilleros, según el Gobierno, bajó de un vehículo en San Pedro Sula, en el norte de Honduras, y acribilló a balazos a 17 de los 20 trabajadores de una fábrica de zapatos, dejando a los otros tres heridos. Las autoridades hondureñas barajan como móvil un conflicto de pandillas o la negativa del dueño de la industria a pagar el "impuesto de guerra" que piden las maras. Son los últimos ejemplos de una situación que ha hecho de estos países dos de los más peligrosos del mundo. En El Salvador la tasa de homicidios es de entre 11 y 13 por día, mientras en Honduras los homicidios ascendieron a 66,8 por cada 100.000 habitantes en 2009. Otro país que sufre igualmente la violencia de las pandillas es Guatemala, con 17 asesinatos diarios y al menos 60.000 jóvenes enrolados en estos grupos. Guatemala tiene unos 22.000 agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) frente a un ejército de más de 60.000 pandilleros en todo el país, dijo a Efe Carlos Campos, del Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), organización privada que vela por el respeto de los derechos humanos. Campos indicó que este tipo de pandillas tiene una organización "eminentemente delincuencial" y subrayó que "se están unificando con el narcotráfico, lo que agrava la situación de violencia". Las autoridades guatemaltecas reconocen que muchos líderes de las pandillas que han sido detenidos son quienes ordenan las extorsiones al transporte y comercio desde el interior de las prisiones, y mandan a asesinar a los conductores de los vehículos de pasajeros cuando éstos se niegan a pagar. En el otro extremo de la balanza se encuentra Nicaragua, donde la directora general de la Policía Nacional, Aminta Granera, aseguraba esta semana que "¡no hay maras!" y destacaba los esfuerzos con jóvenes en riesgo, junto a grupos religiosos, familiares y líderes comunitarios. Tampoco sufre el mismo problema Panamá, donde las pandillas, según el sociólogo Gilberto Toro, están más identificadas con el modelo estadounidense y "no son grupos estructurados con miras a convertirse en una mafia, en un cartel o en algo superior, sino que son grupos espontáneos" enfocados a una posición de defensa territorial. El secretario general de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Francisco Rojas, llamó la atención sobre el hecho de que el tema de las pandillas había desaparecido de la agenda informativa de los medios en los últimos dos años debido al auge del combate al crimen organizado y el narcotráfico internacional. Sin embargo, Rojas señaló a Efe que las maras se han "profesionalizado" y actualmente tienen una mayor capacidad de recaudar dinero que los mismos gobiernos debido a los métodos violentos que utilizan. En su opinión, la respuesta de los gobiernos al fenómeno de las maras ha sido equivocada y destacó que las políticas de "mano dura" pusieron en la cárcel a muchos líderes de pandillas que desde prisión lograron coordinar a grupos antes dispersos. El problema continúa sin solución clara, pues no se están atacando las causas, es decir, los problemas económicos, el desempleo, la falta de oportunidades y de educación de los jóvenes, que se sienten discriminados y en desventaja, destacó el académico.