La presidenta argentina, Cristina Fernández, se reunió hoy con el líder libio, Muamar el Gadafi, en una jaima del complejo Bab el Ezeia, a pocos metros del edificio de dos plantas bombardeado por EEUU en 1986 que se encuentra tal como quedó entonces y que visitó en compañía del "guía de la revolución".
En la entrevista participaron también los ministros argentinos de Exteriores, Jorge Taiana, de Planificación Federal, Julio De Vido y de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao.
También asistieron la presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica, Norma Boero, el responsable de la empresa pública de Energía (Enarsa), Ezequiel Espinosa, y Hector Otegui, director general de la compañía pública de Investigaciones Aplicadas (Invap), que construye reactores nucleares.
Ambos mandatarios abordaron la intensificación de la cooperación entre los dos países, que mañana firmarán varios acuerdos en sectores como la tecnología nuclear de uso civil, la agricultura o el intercambio comercial.
Fuentes de la delegación argentina indicaron a EFE que el acuerdo nuclear abrirá las puertas a la cooperación del país latinoamericano con el magrebí en este terreno, aunque tendrá un carácter más general que el suscrito hace unos días con Argelia, país con el que ya se colabora en este campo desde hace años.
Gadafi recibió con todos los honores en el complejo Bab el Ezeia -uno de los centros del poder del país- a la presidenta argentina y, tras pasar revista a un destacamento militar, ambos visitaron las ruinas de la residencia donde los estadounidenses pensaban que se encontraba el líder libio.
En el bombardeo de ese edificio de dos plantas por la aviación de EEUU el 15 de abril de 1986 murió Hana, la hija adoptiva de Gadafi.
Fernández realizó un recorrido por el recinto, que entre los cascotes y las paredes derruidas muestra varías leyendas y fotografías relativas al bombardeo, incluso alguna de la hija adoptiva y de la familia del líder.
"Impresionante y terrible testimonio, con solidaridad ante el horror por la pequeña Hana", escribió la mandataria argentina en el libro de visitas del memorial.
Con anterioridad, Fernández realizó una ofrenda floral en el monumento de los mártires de la batalla de Alhani, que dio inicio en 1911 a la lucha de liberación libia de la ocupación italiana, y visitó la tumba de Abu Meniar el Gadafi, padre del líder libio.
La presidenta y otros miembros de la delegación argentina asisten esta noche a una cena ofrecida en su honor por Gadafi en una de las jaimas (carpas beduinas características del desierto) del complejo de Bab el Ezeia.
Al igual que en Argelia, Túnez y Egipto -los otros tres países de su gira por el norte de África- la delegación argentina organizará mañana en un hotel de Trípoli un seminario sobre oportunidades de negocios entre empresarios de ambos países, seguido de encuentros bilaterales.
Libia se encuentra en pleno proceso de apertura económica y de regreso a la comunidad internacional tras décadas de aislamiento y de embargos económicos por parte de la ONU y de los Estados Unidos.
Después de que Gadafi anunciase en 2003 su renuncia a desarrollar programas de armamento de destrucción masiva, sus relaciones con Washington han ido mejorando paulatinamente y han acabado de normalizarse tras la histórica visita a Trípoli de la secretaria de Estado norteamericana, Condolezza Rice el pasado septiembre.
En los últimos años varias empresas occidentales han multiplicado sus inversiones en el país, entre ellas la petrolera hispano-argentina Repsol YPF.
Las exportaciones argentinas a Libia alcanzaron en 2007 los 122 millones de dólares, principalmente en aceites, cereales, lácteos, medicamentos, tubos de acero y repuestos automovilísticos.
El comercio bilateral registra un saldo muy favorable al país latinoamericano que importó del magrebí en 2006 por valor de 7 millones de dólares.
Fernández se entrevistará también el sábado con el primer ministro libio, Baghdadi Ali Al Nahmoudi, antes de partir a última hora de la tarde de regreso a Buenos Aires.