El diestro peruano Juan Carlos Cubas demostró hoy en la segunda corrida de abono de la Feria del Señor de los Milagros de Lima sus cualidades natas, una soltura y transmisión que le valieron para salir de la plaza en hombros y entre gritos de ¡torero, torero!
Mientras, sus alternantes, los también peruanos Fernando Roca Rey, que también obtuvo una oreja, y Alfonso Simpson, que lo intentó con un lote poco propicio, cumplieron con garra.
Se lidiaron seis toros de la ganadería colombiana de La Ahumada, que cumplieron en presentación y juego, destacando los lidiados en primero, cuarto y quinto lugar. A este último, bravo y enrazado fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.
Juan Carlos Cubas: oreja y dos orejas.
Fernando Roca Rey: silencio y una oreja. Fue prendido por el quinto y pasó a la enfermería con múltiples traumatismos tras recibir el trofeo.
Alfonso Simpson: silencio y silencio.
Destacaron en la brega Dennis Castillo y El Loro. Los picadores Yaco II y César Caro.
La plaza registró tres cuartos de entrada en tarde de gran ambiente y sol.
Tuvo suerte con su lote el huancaíno Cubas, torero peruano forjado en la escuela mexicana de Pastejé. El primero fue bravo aunque le faltó un punto de chispa al meter la cara y, tras un quite por gaoneras, el torero metió en la muleta al animal llevándolo enganchado y cuajando muletazos sobrios y toreros.
Cogió de inmediato la izquierda, donde repitió series largas que fueron aclamadas. El toro se fue apagando mediada la faena e intentó entonces Cubas torearlo con la derecha, perdiéndole pasos, siempre seguro de su capacidad, lo que rubricó con una estocada suficiente para que el toro se echara, tras resistir su muerte en los medios como señal de raza y bravura.
Al cuarto, pese a ser molestado por alguna ráfaga de viento, lo toreó por ambos pitones con largura aunque le faltara también descolgar con mayor ímpetu. Mediada la faena, Cubas se pegó un arrimón, improvisando muletazos a milímetros de los pitones, firme y entregado. Coronó su tarde con una estocada que le valió para cortar las dos orejas y salir finalmente en hombros de una afición entregada y eufórica.
Fernando Roca Rey banderilleó a ambos toros de su lote con poderío y facultades, tras gustarse con la capa en quites, primero por tafalleras y luego, en su segundo, por gaoneras.
El toro tuvo genio y el diestro limeño intentó tirar de él, procurando templar las embestidas, cosa que logró sólo en algunos pasajes. Aunque Roca Rey estuvo a la altura de las complicaciones ofrecidas, con la espada pinchó repetidas veces.
El quinto fue un toro importante por su raza. El matador resultó cogido y tras recuperar el sentido volvió a la arena decidido a poderle, cosa que logró sólo por momentos. Los mejores muletazos, al hilo del pitón, fueron vibrantes por la transmisión del toro. Gran estocada final para salir por su propio pie camino de la enfermería con la oreja en la mano.
Alfonso Simpson mostró ganas y algunos momentos de su labor tuvieron el mérito del aguante. No se definió el toro y tampoco él, siendo dos veces desarmado. Descabelló al segundo intento tras intentar meter la espada.
El sexto fue un jabonero parado y mirón. Ante ello, Simpson se cruzó para procurar enganchar las embestidas cansinas derrochando voluntad.