Dos grandes triunfadores latinoamericanos dentro del béisbol profesional de las Grandes Ligas, el manejador venezolano Ozzie Guillén, y el cerrador dominicano José Valverde, también fueron protagonistas por la forma como expresan su sentir cuando están dentro del diamante.
Guillén, piloto de los Medias Blancas de Chicago, no sabe si al final va a ser sancionado por los improperios que le dedico al umpire Joe West luego de que lo expulsó durante un partido que su equipo disputó en Cleveland, frente al equipo local de los Indios.
Antes de hablar de iniciar la serie contra lo Rays de Tampa Bay, Guillén reiteró su convicción de que expresó su parecer, pero sin hacer nada que pudiera justificar una dura medida de disciplina.
"Digo lo que siento. Creo que no dije nada que le faltara el respeto a alguien o al deporte. Si las autoridades de las mayores van a hacer algo, saben dónde encontrarme", expresó. "Creo que esto no es algo de lo que deba hacerse ruido, pero vamos a ver qué pasa".
Guillén y el lanzador Mark Buehrle fueron expulsados por cuestionar un par de balks durante los tres primeros episodios del miércoles cuando los Medias Blancas ganaron 5-4 a los Indios. Criticó la forma en que West manejó la situación, pero reiteró que no había resentimientos personales.
"Es parte del juego. Es mi trabajo. ... Nunca lo critiqué por la decisión profesional que tomo. Nunca. Es su decisión y siempre la respeto. Digo lo que siento en un momento determinado. Creo que lo que dije era correcto".
Lo mismo le sucede a Valverde cuando está en el montículo, que se transforma en un personaje que gesticula permanentemente, vibra y grita, en cada momento, ni el mismo se da tregua.
Valverde, cerrador estelar de los Tigres de Detroit, que el año pasado estuvo con los Astros de Houston, reiteró que ha sido efusivo en el montículo desde que tenía 17 años y jugaba en la liga dominicana de verano y piensa exteriorizar sus emociones por el resto de su carrera.
Los Tigres simplemente esperan que Valverde no cambie su forma de lanzar cuando inauguren el viernes una serie en casa contra los Atléticos de Oakland.
Valverde sólo ha estropeado una de las 12 oportunidades de rescate que ha tenido este año. No ha permitido una carrera en sus 19 últimas salidas, la segunda racha activa más larga en Grandes Ligas y la cuarta mejor de un lanzador de los Tigres desde 1952.
Esos eran los resultados que los Tigres esperaban cuando lo contrataron por dos años y 14 millones de dólares el pasado enero en el mercado de los agentes libres.
Valverde fue líder de rescates en la Nacional en temporadas consecutivas, al sumar 91 entre los Astros y los Cascabeles de Arizona, pero cayó a 25 la campaña pasada con los Astros, de ahí que cuando tiene éxito, todos se dan cuenta.
El cerrador derecho dominicano apunta al cielo y luego se santigua después de cada rescate para agradecer a Dios por la ayuda que le ha dado.
Después de algunos "outs" se retuerce el cuerpo y grita, algo que le es común y que defiende con un "así soy yo" ó "así es como lanzo".
Valverde trató de calmarse en 2005, su tercera campaña con los Cascabeles, porque al manejador no le gustaban sus exabruptos y los gestos.
"El piloto Bob Melvin me dijo, 'no me gusta, deja de hacerlo'", recordó Valverde. "Cuando dejé de hacerlo, no tenía emoción y estaba otorgando boletos. Melvin me llamó a su oficina y me dijo, 'haz lo que quieras. Sólo quiero el rescate'".
El manejador de los Tigres Jim Leyland piensa algo similar, al señalar que no le encantan los gestos de su taponero estelar, pero reconociendo que lo más importante son los resultados y que también es una "excelente" persona dentro y fuera del diamante.