El filósofo y exdiplomático Stéphane Hessel, autor del libro "¡Indignáos!", que llama a los ciudadanos a la toma de conciencia y la acción social, apuntó hoy que la oligarquía económica y financiera está en el origen de los problemas denunciados por la población.
"Hay gente muy rica y potente que ha decidido que para mantener su riqueza es necesario que haya la menor injerencia posible por parte del Estado", apuntó en conferencia de prensa, en la que dijo que esa oligarquía "nos impide resolver los problemas de todos".
Vestido con un elegante traje negro, el escritor francés indicó que "los ciudadanos, desgraciadamente, no tienen acceso directo a esas fuerzas, pero pueden presionar a sus gobiernos para que les impongan, mediante una legislación apropiada, que no se vaya de crisis en crisis".
Hessel, presentado como el hombre que puede ayudar a la emergencia de una nueva conciencia, consideró que el camino que debe tomarse consiste en "movilizar a los ciudadanos para que obliguen a sus gobiernos a comportarse de manera más valiente contra esas fuerzas".
En ese trayecto, a su juicio, "la no violencia es la única manera de avanzar hacia la democracia", y en caso de que surjan episodios conflictivos, el gobierno debe "tener la inteligencia de no responder con más violencia", porque en caso contrario "el conflicto se vuelve insoluble".
Para quien fuera uno de los redactores de la Declaración Mundial de los Derechos Humanos en 1948, "estamos en vísperas de una nueva manera de plantear las relaciones internacionales, a través de los movimientos democráticos que se desarrollan por todo el mundo".
Esa oleada de protestas, en su opinión, proponen "una mundialización" que dentro de su diversidad "toma los mismos valores pragmáticos de respeto de la dignidad humana, de las libertades fundamentales y de una economía más social y solidaria".
En su libro, del que solo en Francia se han vendido ya más de tres millones de ejemplares, su intención fue decirles sobre todo a las nuevas generaciones "que tienen la posibilidad de cambiar el mundo, primero indignándose y luego comprometiéndose".
Esa movilización es necesaria porque, a su juicio, en la primera década del siglo XXI se ha experimentado "un retroceso democrático con la guerra de Irak, Afganistán y la crisis financiera", y porque, "si los estados no reaccionan, no va a cesar".
Para Hessel, esa crisis financiera, "más allá de haberse superado, continúa siendo una gran preocupación" entre los ciudadanos, que, según destacó, "seguimos siendo víctimas de la forma en la que los bancos y los gobiernos se comportan".
La noción de indignación que preconizaba en su obra ha podido verse, según él, en la llamada primavera árabe y se ha expandido después por países como España y Grecia, pero, una vez lanzada esa idea, no tiene intención, manifestó, de seguir indicando a la gente lo que debe hacer.
"Ya no envío más mensajes, porque los ciudadanos deben tomar las riendas por sí mismos allá donde estén", aseguró el exdiplomático, que se definió como alguien que ha escrito una obra, que ha vivido periodos importantes y ha aprendido algunas lecciones, pero que no puede ofrecer todas las soluciones.
Quiso destacar, no obstante, que los pasos que tomen los gobiernos no deben ir "en el sentido de privatizaciones sucesivas, sino en el de la estabilización de los bienes públicos", y señaló que se debe confiar en los representantes electos "para que tengan en cuenta la indignación provocada" y satisfagan sus demandas.
El filósofo reconoció que "los viejos dentro de poco no estaremos aquí y será necesaria una renovación, que puede acabar siendo una repetición de las dificultades que hemos conocido, o una nueva manera de concebir la democracia de manera práctica".
Stéphane Hessel cerró su testimonio con un mensaje de confianza, asegurando que existe una generación a la que hay que inspirarle confianza, y que lo único que está en su mano en estos momentos es animar a sus integrantes y decirles: "Vais a ver cómo lo vais a conseguir".
Marta Garde