Irán y las grandes potencias volverán a reunirse en Bagdad el 23 de mayo
Milwaukee
Irán y las grande potencias concluyeron hoy en Estambul un encuentro para desbloquear el diálogo sobre el programa atómico iraní, una reunión que se celebró en un ambiente constructivo y que tendrá su continuación en Bagdad el próximo 23 de mayo, anuncio la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton.
"El éxito es que hayamos podido anunciar lugar y fecha del próximo encuentro", explicó Ashton en rueda de prensa.
La diplomática europea describió el encuentro de hoy como "constructivo" y destacó que ha servido para definir un marco en el que seguir negociando y trabajando.
Los pilares de esta nueva etapa negociadora será el cumplimiento por parte de Irán de sus compromisos como país firmante del Tratado de No Proliferación (TNP) de armas nucleares, un diálogo paso a paso y recíproco y el derecho reconocido a que Irán pueda disponer de un programa civil de energía atómica.
"Hemos hablado sobre el programa nuclear en sí, eso es nuevo, antes era difícil. Ahora tenemos un marco. Podremos rellenar los detalles concretos. Mi conversación con (Said) Jalili (jefe de la delegación iraní) ha creado la base para avanzar de forma concreta", explicó la alta representante para Asuntos Exteriores de la UE.
Hasta el encuentro de Bagdad en mayo se trabajará en asuntos concretos en un proceso que, dijo, sólo tendrá éxito si es sostenido.
El encuentro de hoy ha sido el primer cara a cara en más de un año entre Irán y el llamado Grupo 5+1, que integra a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Estados Unidos, Francia, China, Rusia y el Reino Unido) más Alemania.
La reunión de hoy tenía como objetivo desbloquear las negociaciones sobre el conflicto atómico iraní, en el que Occidente ve una pantalla para desarrollar armas atómicas, mientras Teherán asegura que sólo tiene objetivos civiles y pacíficos.
El programa atómico iraní: un conflicto marcado por la desconfianza
La disputa por el programa nuclear iraní tiene su eje en la incertidumbre sobre la verdadera naturaleza de sus objetivos, unas dudas planteadas incluso por la ONU, y cuya manifestación más evidente se centra en la producción de uranio enriquecido, un combustible de doble uso, militar y civil. Según un informe publicado en febrero por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), los técnicos iraníes han logrado producir unos 110 kilos de uranio enriquecido hasta casi el 20 % de pureza, aún por debajo del 90 % preciso para fabricar un arma nuclear. A esas cantidades hay que añadir otras cinco toneladas de uranio enriquecido hasta el 5 %, con un ritmo de producción superior a los 100 kilos mensuales. Tanto el OIEA como el Consejo de Seguridad de la ONU reclaman a Irán que suspenda la producción de combustible nuclear, como medida de creación de confianza hasta que los técnicos internacionales puedan confirmar que el programa atómico iraní sólo tiene fines civiles y pacíficos, como afirma Teherán. Irán asegura por su parte que necesita ese uranio para producir en un reactor científico isótopos para la lucha contra el cáncer y reivindica su derecho a usar la energía atómica con fines civiles. Una alternativa planteada a Irán por el OIEA primero y por Brasil y Turquía luego, consiste en que la República Islámica envíe al extranjero, principalmente a Francia o Rusia, el uranio enriquecido, donde sería transformado en combustible nuclear. Una opción que "Irán nunca va a aceptar", aseguró esta semana a Efe una fuente diplomática en Viena, debido simplemente a que el país asiático no se fía de que le sea devuelto el combustible. Además, el OIEA insiste en pedir a Irán más colaboración para aclarar algunos temas muy conflictivos, como la compra de materiales y experimentos nucleares de carácter militar acumulados durante las dos décadas que mantuvo un programa nuclear secreto e incluso desde 2003, cuando comenzó a colaborar con el OIEA. En ese sentido, además de solicitar documentación y entrevistas con expertos iraníes, el OIEA quiere que Irán permita el acceso de sus inspectores a Parchin, una base militar cerca de Teherán, donde se cree que se pueden haberse trabajado en armas atómicas. Las dos últimas visitas de técnicos del OIEA a Irán, en enero y febrero, terminaron sin que se permitiera esa entrada. En general, el régimen de inspecciones es otro punto de fricción. Irán es signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear, que permite al OIEA inspeccionar sus instalaciones nucleares sin limitaciones, pero no ha firmado ni acepta el Protocolo Adicional al TNP, por lo que el organismo de la ONU no tiene autoridad legal para entrar en otros lugares, como es el caso de Parchin. Por su parte, Irán acusa al OIEA de haber politizado el asunto de su programa nuclear y de excederse en sus atribuciones al exigir unas suspensión de sus actividades nucleares pacífica, permitidas por los tratados internacionales. Las distintas tandas de sanciones por parte de la ONU, Estados Unidos, la Unión Europea y otros países y la respuesta iraní de suspender o amenazar con suspender sus envíos de petróleo, o incluso bloquear el tráfico de crudo por el estrecho de Ormuz, han añadido aún más tensión al conflicto.