La calma volvió hoy a Trípoli, en el norte del Líbano, tras el despliegue del Ejército después de que ayer siete personas murieran y 59 resultaran heridas en choques entre grupos rivales, según fuentes de los servicios de seguridad.
A primera hora de esta mañana, el Ejército libanés completó su despliegue en los barrios de Bab al Tabani, de mayoría suní, y Yabal Mohsen, con predominio alauita, donde instaló controles fijos y móviles.
En un comunicado, las Fuerzas Armadas aseguraron que "patrullas y puestos de control están en acción para evitar cualquiera violación o presencia armada".
"La sangre de las víctimas caídas no se desperdiciará y los crímenes no quedarán impunes", advirtió el Ejército, que destacó que no se lo pondrán fácil a "aquellos que juegan con la seguridad, causan la muerte de civiles y militares y perjudican propiedades públicas y privadas".
Los choques de la víspera tienen como telón de fondo la situación de inestabilidad en Siria, escenario de revueltas populares contra el régimen de Bachar al Asad desde mediados de marzo pasado.
Todo comenzó durante una manifestación en apoyo al pueblo sirio en Trípoli, que degeneró en un choque armado después que se arrojaran piedras y una bomba de ruido contra los participantes en la protestas.
En una rueda de prensa en Trípoli, el primer ministro Nayib Mikati afirmó anoche que "la paz civil es una línea roja" y que no permitirán a nadie que la perturbe.
Y rechazó que los sucesos en la ciudad libanesa estén vinculados con las revueltas en Siria.
"No tenemos nada que ver ni de cerca ni de lejos con lo que ocurre allí", sentenció.