La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) ofreció hoy a Muricy Ramalho el cargo de seleccionador de Brasil, informó el presidente del ente, Ricardo Teixeira.
"Él (Ramalho) quiere venir. Pero depende de que resuelva la rescisión de su contrato con el Fluminense antes de confirmarlo", dijo Teixeira en una entrevista a la televisión Globo.
Teixeira y Ramalho se reunieron hoy en el club de golf Itanhangá, en Río de Janeiro, donde acordaron que el entrenador, de 54 años, suceda a Dunga en el cargo de seleccionador.
Después del encuentro, Ramalho fue a la sede del club Fluminense, actual líder del Campeonato Brasileño, para pedir la rescisión de su contrato.
Si el club accede a su petición, Ramalho asumirá sus funciones de forma inmediata y ofrecerá su primera convocatoria el próximo lunes, de cara al amistoso que Brasil jugará ante Estados Unidos el 10 de agosto en Nueva Jersey.
El presidente de la CBF precisó que Ramalho coincide en el mismo concepto de proyecto, en que la renovación de la selección brasileña debe ser "paulatina".
El técnico había rechazado hasta el último momento que la CBF le hubiese ofrecido el cargo y el organismo también mantuvo su decisión en secreto, hasta el punto que prácticamente toda la prensa brasileña señalaba que el elegido sería el entrenador del Corinthians, Mano Menezes.
Ramalho llegó a afirmar esta semana que estaba negociando su renovación con el Fluminense, que dirige desde abril y con el que tenía contrato hasta el final del año.
En la Canarinha, Ramalho sustituirá a Dunga, destituido tras la eliminación de Brasil en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica ante Holanda (2-1), y emprenderá la renovación de cara al Mundial de 2014 en el que Brasil será el anfitrión.
La primera competición oficial que tiene por delante es la Copa América del año que viene, que se jugará en Argentina, y, después, la Copa de las Confederaciones de 2013.
En calidad de organizador, la selección cinco veces campeona del Mundo no tiene que jugar las eliminatorias mundialistas, así que realizará el grueso de su preparación apenas en partidos amistosos.
Ramalho es uno de los entrenadores brasileños con mejor currículo en la actualidad y obtuvo el galardón que reconoce al mejor técnico de la Liga brasileña cuatro años consecutivos, entre 2005 y 2008.
En el primero de esos años concluyó la liga en el segundo puesto con el Internacional y los siguientes ganó tres ligas seguidas, hito que no ha realizado ningún otro técnico brasileño.
Muricy Ramalho, un nuevo sargento al mando de la selección brasileña
Muricy Ramalho, propuesto hoy por la CBF como nuevo seleccionador de Brasil, es un fiel ejemplo del modelo de técnico marcial, que aplicará en la selección "tácticas militares" parecidas a las de Dunga, su predecesor en el cargo.
Este profesional abnegado alcanza el escalón más alto del fútbol brasileño a sus 54 años después de una larga carrera labrada a base de éxitos deportivos, apoyados en la disciplina y en el trabajo duro.
Alumno aventajado del histórico Telé Santana, su mentor en el Sao Paulo y considerado uno de los mejores entrenadores brasileños de todos los tiempos, Ramalho se convirtió en el primer técnico de Brasil en ganar tres años seguidos la Liga (2006-2008).
Esos triunfos le han valido para ser elegido como mejor entrenador del país en cuatro ocasiones, entre 2005 y 2008, la primera de ellas, cuando aún estaba a cargo del Internacional.
Con el Sao Paulo ha vivido su época más gloriosa y tan solo dejó el cargo a mitad del año pasado, tras cuatro años de éxitos, después de que su modelo se agotara.
Tras un breve e infructuoso paso por el Palmeiras, asumió las riendas del Fluminense el pasado abril y ayer logró dejar al equipo en la cumbre del Campeonato Brasileño. Hoy negocia con el club la rescisión de su contrato para asumir la selección.
De carácter antipático, malhumorado y proceloso, Muricy promete continuar con la política de Dunga de mano dura con los jugadores, de trato con guante de hierro a la prensa y de pocas concesiones al juego bonito.
En cada equipo que pasa, Ramalho aplica una receta de fútbol competitivo, muy estudiado en todas sus líneas y, en definitiva, gris, aburrido y de resultados.
En la selección tendrá el cometido de emular el tanque arrollador del Sao Paulo de 2007, que apisonó a casi todos sus rivales y ganó la Liga con una holgura inusitada, 15 puntos sobre el Santos.
Aquel año, el que mejor funcionó su maquinaria, apenas necesitó anotar 55 goles, una cifra bajísima, que habría sido claramente insuficiente si no fuera por una defensa férrea que tan solo cedió a los adversarios 19 tantos en 38 partidos y apenas siete derrotas.
Sus reiterados fracasos en la Copa Libertadores y el desgaste de su sistema, que cosechó menos triunfos en los años siguientes, le costaron el puesto.
Ramalho inició su carrera como técnico en el Puebla mexicano (1993), donde había terminado la de centrocampista entre 1979-1985 después de haber militado en el Sao Paulo entre 1973 y 1978.
Las dos temporadas siguientes dirigió al Sao Paulo, con el que ganó la Copa Conmebol de 1994 y después fue destituido en abril de 1997 tras un pésimo inicio en el Campeonato Paulista.
Después de su destitución pasó por nueve equipos en 10 años: Guaraní, Shanghai Shenhua de China, Ituano, Botafogo, Santa Cruz, Náutico, Figueirense, Internacional de Porto Alegre y Sao Caetano, tiempo en el que facturó cinco campeonatos regionales brasileños y una Copa de China.
Siempre vestido con el chándal del club en el banquillo, lejos de la elegancia de otros colegas en el cargo, Ramalho, al que muchos jugadores consideran un padre, rehuye entablar amistades con sus pupilos fuera del ámbito laboral.
En Brasil es sabido que siempre rechaza asistir incluso a las fiestas de cumpleaños o a las típicas barbacoas de fin de semana organizadas por cualquiera de sus jugadores.
Con su elección para el cargo de seleccionador, la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) deja entrever que su prioridad no es recuperar el juego bonito que se patentó en estas tierras, sino obtener un triunfo en el Mundial de 2014, un título que en el país del fútbol se ve como una obligación por el hecho de ser el anfitrión.
Precisamente Ramalho es un hombre que no se va a dejar impresionar por el fantasma del Maracanazo, la célebre final perdida en Río de Janeiro ante Uruguay en 1950, un infausto recuerdo que aún sobrecoge a los brasileños y que él pretende borrar de forma definitiva con su fútbol recio y competitivo.