La columna de Doña Perla
A Roberto Durán se le perdona casi todo porque es una leyenda, pero tampoco abusemos del comodín de la leyenda...
Roberto Durán. Foto: Instagram
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A Roberto Durán se le perdona casi todo porque es una leyenda, pero tampoco abusemos del comodín de la leyenda. Que tenga historias para contar no significa que cada lugar sea escenario para soltarlas. El hemiciclo legislativo merece algo más que anécdotas improvisadas. “El Cholo” puede decir lo que quiera, sí; también podemos pedirle que mida cuándo y dónde.
Contradictorio
Si Abraham Pino sabía quién supuestamente le hurtó un collar de $20,000 y no quería hacer un espectáculo ni perjudicar a nadie, había una opción bastante revolucionaria: hablarlo en privado. Pero eligió “stories”. Así que el misterio no es solo quién se llevó el collar, sino quién decidió que Instagram era el lugar ideal para pedir discreción. Desde luego, curioso.
Se arrepintió
El amor por un artista puede ser intenso, pero tampoco hay que convertir la piel en museo de decisiones cuestionables. Ella se tatuó a Barbel y, con el tiempo, decidió taparlo. Aplausos: rectificar también es un talento. Que sirva de ejemplo para quienes entregan su presupuesto y su piel al fanatismo. Los ídolos cambian; el tatuaje, si no lo tapas, queda.