La Liga Árabe ha solicitado el respaldo de Naciones Unidas a su hoja de ruta que estipula la salida del poder del presidente sirio, Bachar al Asad, lo que para Damasco demuestra la incapacidad del organismo de implementar su plan y es un intento de internacionalizar la crisis.
La búsqueda de una solución a la conflictiva situación que sacude Siria ha llevado a la Liga Árabe a pedir una reunión con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, según informaron hoy fuentes de la organización.
El objetivo es que la ONU acepte el plan árabe propuesto el pasado domingo en El Cairo para poner fin a la crisis en ese país con el apoyo del Consejo de Seguridad.
El secretario general de la Liga Árabe, Nabil al Arabi, también ha solicitado a representantes de la Organización de la Conferencia Islámica, la Unión Africana, la Unión Europea y el Consejo de Cooperación del Golfo que respalden la citada iniciativa.
El régimen sirio no ha tardado en expresar su rechazo a esta idea por boca de su ministro de Exteriores, Walid al Mualem, quien dijo hoy que la Liga Árabe "es incapaz de jugar su papel e implementar el plan para Siria y por eso acude al Consejo de Seguridad".
En una rueda de prensa en Damasco, el jefe de la diplomacia siria indicó que existe una "conspiración" que está utilizando a los árabes contra Siria, pero confió en que la buena relación entre su país y Rusia le salve de una resolución de condena en el seno del Consejo de Seguridad.
La hoja de ruta de la Liga Árabe pide a Al Asad que transfiera sus poderes al vicepresidente y forme un Gobierno de unidad nacional para convocar elecciones libres.
Para Damasco, esta iniciativa es un "plan externo" que está "lejos de la voluntad del pueblo" y busca internacionalizar la crisis que atraviesa el país.
"Ellos saben desde el principio que no vamos a aceptar su propuesta porque es una violación a la soberanía de Siria y una flagrante injerencia en la política interna del Estado", afirmó Al Mualem.
Mientras, la misión de observadores árabes desplegada en Siria sufrió hoy un revés al anunciar los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) que retiran a sus expertos, al igual que hiciera Arabia Saudí.
La decisión se ha adoptado por "la continuación del derramamiento de sangre, la matanza de inocentes y el incumplimiento por parte del régimen sirio de las resoluciones de la Liga Árabe", según un comunicado del CCG.
Tras la salida de 20 saudíes y otros 30 procedentes de los países del Golfo, la delegación en Siria ha quedado formada por 108 miembros, encargados de verificar sobre el terreno el cese de la violencia, entre otros asuntos.
Para tratar los cambios que implica la retirada de los observadores de estos países, los representantes permanentes ante la Liga Árabe mantuvieron hoy una reunión urgente en la sede de la organización en El Cairo.
El vicesecretario general de la organización, Ahmed ben Heli, explicó que la misión de los observadores terminó oficialmente hoy, aunque a última hora Damasco anunció que acepta que esta se prolongue un mes más.
Según la agencia oficial Sana, Al Mualem envió un mensaje al secretario general de la Liga Árabe para informarle de que su país ha aceptado que la delegación de observadores continúe en Siria hasta el próximo 23 de febrero.
Las maniobras de la Liga Árabe no han evitado que hoy Siria fuera escenario de un nuevo baño de sangre con la muerte de 60 personas en distintos puntos del país.
Según los opositores Comités de Coordinación Local, la ofensiva de las fuerzas leales a Al Asad se centró en el bastión opositor de Homs, en el centro del país, donde fallecieron 41 personas, 18 de ellas en el bombardeo al barrio de Bab Tadmur.
Esta represión, que desde el inicio de la revuelta ha causado más de 5.000 muertos, según la ONU, es justificada por el régimen sirio con acusaciones de que detrás de las protestas hay "grupos terroristas" y que su obligación es combatirlos.