La ONG alerta que la etnia amazónica peruana "agoniza" por la hepatitis y el olvido


La etnia amazónica peruana de los Kandozi "agoniza" por los estragos de la hepatitis B, que afecta a más del 60 por ciento de sus 2.500 miembros, y por el olvido de las autoridades gubernamentales, alertó hoy la ONG WWF Perú.


Aunque su especialidad es la conservación medioambiental, WWF Perú, filial de la ONG creada en Suiza, se ha propuesto "visibilizar" el problema de salud los Kandozi, con quienes trabaja un proyecto de reordenamiento de la pesca en la cuenca del río Pastaza y el lago Rimache, en el departamento nororiental de Loreto.


La especialista en salud medioambiental de WWF Perú, Gianina Lucana, señaló a Efe que la situación en esta comunidad es alarmante ya que muchos indígenas tienen "anemia severa, cuadros hemorrágicos y múltiples manifestaciones típicas de hepatitis B y hasta algunos ya están con cirrosis".


Un estudio del Instituto Nacional de Salud elaborado en 1996 reveló que el 60 por ciento de los nativos tenía hepatitis B y cinco años más tarde la enfermedad se había convertido en epidemia, por lo que el Gobierno peruano puso en marcha una campaña de vacunación a los recién nacidos con ayuda de Unicef.


Pero, según Lucana, esta iniciativa que se ha paralizado desde el año pasado y la atención no cubre a los adultos afectados con hepatitis.


En unas declaraciones publicadas el domingo por el diario La República, el infectólogo del Hospital Regional de Loreto César Ramal afirmó que el 80 por ciento de los nativos está afectado por la hepatitis B y su esperanza de vida se reducirá entre dos y cinco años si no reciben tratamiento.

 

La representante de WWF Perú señaló que se necesita un plan integral de salud de unos diez millones de dólares para los Kandozi, que incluya los tratamientos contra la hepatitis B (3.500 dólares mensuales por paciente).


"Con tratamiento se podría prolongar la vida de los kandozi hasta en 20 años", dijo Lucana.


Los Kandozi, agrupados en pequeñas comunidades esparcidas en una zona de remoto acceso de la Amazonía peruana, viven de la caza, la pesca y el cultivo de yuca y plátano.

 

Se cree que los nativos de esta etnia, que entró por primera vez en contacto con el mundo occidental en el siglo XVII, fueron contagiados de hepatitis B desde los años setenta, cuando probablemente un trabajador de la industria maderera o petrolera tuvo relaciones sexuales con una Kandozi.


En la zona, donde la enfermedad se ha transmitido principalmente por vía sexual, solo existen cuatro centros médicos para medio centenar de comunidades y el personal sanitario gana menos de 100 dólares al mes.


Además, el problema se complica por una polémica sobre las competencias en la atención médica, ya que el Ministerio de Salud considera que la situación de los nativos debe ser atendida por el gobierno regional de Loreto y viceversa.

 

Ante esto, uno de sus "apus" (líderes comunales), Venancio Ukama, también infectado con hepatitis B, ha llegado a Lima con varios de los nativos para intentar dialogar con un "jefe" del país.


Ukama ya ha desarrollado algunos síntomas, como la ictericia, pero no tiene aún cirrosis, por lo que confía en prolongar su vida con una dieta y plantas medicinales, las únicas a mano en su territorio.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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