La ONU condenó hoy en los términos más enérgicos la cadena de atentados cometidos en diferentes zonas de Irak, que dejaron al menos 59 muertos y más de 70 heridos, e instó a los iraquíes a mantenerse unidos y rechazar la violencia.
"Urjo a todos los iraquíes a mantenerse firmes frente a quienes hacen uso de la violencia para impedir que el país sea democrático, estable, seguro y próspero", afirmó el enviado especial de la ONU para Irak, Martin Kobler, en un comunicado de prensa.
Kobler, que reconoció que los incidentes violentos han disminuido en el país desde 2009, indicó que las víctimas de los atentados no son sólo cifras ni forman parte de estadísticas sino que se trata de hombres, mujeres, jóvenes y niños.
"Son principalmente civiles y un vida perdida cada día es mucho, por lo que esta violencia tiene que terminar", añadió el diplomático alemán, quien reiteró su llamamiento a los iraquíes a mantener unidos frente a la violencia.
La comunidad chií de Irak volvió a ser en las últimas horas el blanco de una ola de atentados que causó la muerte de al menos 59 personas y amplió la brecha entre la población chií y suní del país, inmerso en una grave crisis política desde el pasado diciembre.
El ataque más sangriento fue contra un grupo de peregrinos que se dirigía al santuario chií de Kerbala para celebrar la festividad del "arbaín", que marca el fin de los 40 días de luto guardados por la muerte del imán Husein, nieto de Mahoma y venerado por el chiismo.
Un total de 36 personas murieron y 72 resultaron heridas al detonar un terrorista suicida el cinturón de explosivos que llevaba adosado al cuerpo cerca de la ciudad de Al Nasiriya, según informaron a Efe fuentes policiales.
Unas horas antes se produjo la explosión consecutiva de dos coches bomba que causaron la muerte de al menos 15 personas y heridas a otras 31 en el barrio mayoritariamente chií de Kazamiya, en el norte de Bagdad.
El incidente de Kazamiya no es el único registrado hoy en la capital iraquí, donde otras 8 personas murieron y 37 resultaron heridas en otras dos explosiones en el barrio de Ciudad Sadr, habitado también principalmente por chiíes.
Los atentados de hoy se producen en un contexto de grave crisis política entre los líderes de la comunidad chií y suní, desatada después de la retirada de Irak de las tropas de Estados Unidos.
Esta misma semana el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, expresó su preocupación por la reciente tensión política en Irak y urgió a las partes a seguir trabajando para resolver sus diferencias a través de "diálogo" y "compromisos".
"El secretario general apoya los llamamientos al diálogo político para hacer frente a los asuntos pendientes con un espíritu de asociación y unidad nacional", afirmó el portavoz de Ban, Martin Nesirky, en un comunicado de prensa.
La orden de arresto emitida en diciembre contra el vicepresidente suní Tarek al Hashemi por su supuesta vinculación con el terrorismo desató el conflicto, agravado el pasado 26 de diciembre por una serie de atentados contra chiíes que dejaron más de 63 muertos.
Al Hashemi pertenece al bloque político Al Iraqiya, una coalición laica formada tanto por chiíes como por suníes, que tiene ocho ministros en el Ejecutivo y ha decidido boicotear las sesiones del Parlamento y el Gobierno.