La ONU conmemoró hoy el segundo aniversario del devastador atentado con un camión bomba contra su sede en Argel, que causó la muerte de 17 empleados y confirmó que la organización es un blanco para el terrorismo.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, presidió una sencilla ceremonia en el vestíbulo de la sede del organismo en Nueva York, en la que colocó una corona de flores en recuerdo al personal que perdió la vida el 11 de diciembre de 2007.
"El atentado causó un sufrimiento y una pesadumbre que nunca desaparecerán. Nada puede justificar el asesinato y la destrucción sin sentido", dijo en un breve discurso el máximo responsable de las Naciones Unidas, quien recordó que las víctimas del ataque habían puesto sus vidas al servicio de los demás.
"Los colegas que fallecieron trabajaban en todos los campos que cubre la ONU, desde la seguridad alimentaria, a los derechos humanos o el desarrollo industrial", señaló.
Ban resaltó que el atentado en Argel contra Naciones Unidas, junto a los sufridos en 2003 en Bagdad, y desde entonces en Pakistán y Afganistán, confirman que el organismo es "un blanco de los terroristas".
"Todavía estamos evaluando las implicaciones de este hecho y es una causa legítima de preocupación para nuestro personal", apuntó, al tiempo que aseguró su voluntad de seguir mejorando las condiciones de seguridad bajo las que realizan su labor los empleados destinados a los puntos más conflictivos del planeta.
Un total de 17 empleados de la organización perdieron la vida en el ataque suicida contra la sede de la ONU en Argelia, atribuido a la organización terrorista Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).
En ese atentado y en otro casi simultáneo perpetrado en otro punto de la capital argelina murieron más de 40 personas.
Las graves consecuencias del ataque suscitaron dudas sobre el nivel de seguridad de que gozaban las oficinas de las Naciones Unidas en la capital argelina y llevaron a que Ban ordenara una revisión completa de todo el sistema de seguridad de la ONU.
La posterior publicación de las conclusiones de esa investigación, paralela a la llevada a cabo sobre la seguridad en Argelia, suscitó la dimisión del entonces máximo responsable de seguridad de la ONU, el británico David Veness.