El enviado especial de la ONU para Irak, el alemán Martin Kobler, instó hoy al Gobierno iraquí a extender el plazo del 31 de diciembre que fijó para cerrar el campamento de refugiados iraníes de Ashraf y pidió que se garantice a sus ocupantes que no serán obligados a regresar a Irán.
"No podemos sacar adelante una solución a ese conflicto con el tiempo fijado por el Gobierno iraquí, por lo que le pedimos que extienda el plazo", señaló Kobler ante la prensa a su salida de la reunión que mantuvo hoy en la sede central de la ONU con los miembros del Consejo de Seguridad del organismo.
El enviado especial del secretario general, Ban Ki-moon, señaló que la Misión de Asistencia de la ONU en Irak (UNAMI) necesita "más tiempo y espacio para lograr una solución humanitaria y pacífica" a la situación que atraviesan los alrededor de 3.500 refugiados iraníes que pueblan el campamento de Ashraf.
"Nadie debería ser obligado a volver a su país de origen, sino que deberían poder hacerlo de manera voluntaria", añadió Kobler, quien reconoció ante el Consejo de Seguridad que "está claro que la situación no se puede resolver el 31 de diciembre", la fecha que Irak quiere cerrar el campamento.
El diplomático alemán señaló que la extensión de ese plazo ayudaría a "reducir las tensiones existentes" dentro del campamento, aunque también pidió a sus residentes que se enfrenten al problema "con la mente abierta" para considerar "todas las soluciones que hay sobre la mesa".
"Queremos lograr un acuerdo con los residentes del campamento de Ashraf, pero también les pido a ellos que eviten el ejercicio de la violencia y las provocaciones", añadió Kobler, quien indicó que el conflicto es "complejo, pero no insalvable".
"Hemos iniciado un camino y, si todos los afectados actúan con responsabilidad, será posible lograr una solución pacífica y duradera que respete tanto la seguridad y el bienestar de los residentes como el deseo de Irak de ejercer su soberanía", explicó.
El diplomático aprovechó la que es su primera reunión con el Consejo de Seguridad tras su nombramiento el pasado agosto para recordar que "la comunidad internacional también debe actuar y acoger en sus países a los residentes del campamento de Ashraf".
En ese lugar, situado en la provincia iraquí de Diyala, fronteriza con Irán, residen desde hace casi veinte años unos 3.500 militantes de la organización Muyahidín Jalq, considerada terrorista por el Gobierno iraní, por lo que temen por sus vidas si son devueltos al país vecino.
La gestión de dicho campo estuvo a cargo de las fuerzas de Estados Unidos desde la invasión de Irak en marzo de 2003 hasta 2009, cuando pasó a manos iraquíes.
Desde entonces, los opositores iraníes han denunciado en varias ocasiones agresiones por parte de las autoridades de Irak.
El pasado 11 de abril el Gobierno iraquí anunció que había dado de plazo hasta fin de año para que los opositores iraníes pertenecientes a Muyahidín al Jalq (combatientes del pueblo) abandonaran el país.
En su reunión con el Consejo de Seguridad, Kobler también habló de la situación generalizada en Irak, donde habló de "avances" en la estabilización en materia política y de seguridad, aunque reconoció los "desafíos" que supondrá la retirada de las fuerzas estadounidenses del país prevista para finales de año.
"Sí, hay desafíos y muchos parecen preocupados por lo que pueda traer el futuro, pero se trata sobre todo de una oportunidad para que los iraquíes se demuestren a sí mismos y al mundo que pueden construir un mejor futuro en paz", añadió Kobler.