El recuerdo de los seres queridos que murieron entre los escombros de las Torres Gemelas, las imágenes y los sonidos de aquel fatídico 11 de septiembre, siguen muy vivos en la mente de familiares y testigos de la tragedia, un año después.
“Lo más triste es que no han encontrado el cuerpo de mi hija. Aún así tengo esperanzas, ya que todavía siguen investigando y haciendo pruebas”, declaró María José, madre de la española Silvia Sampío, que falleció en el ataque terrorista.
Silvia, de 26 años de edad y embarazada de siete meses, trabajaba como analista para la firma de inversiones Carr Futures, que tenía las oficinas en el piso 92 de la Torre Norte, contra la que se estrelló el primer avión secuestrado por los terroristas.
Su cuerpo nunca fue encontrado, aunque sí se hallaron restos del esposo de Silvia, John Resta, que también falleció, junto a otros 67 compañeros de trabajo.
Once meses después, la madre explica: “este año no he podido trabajar porque he estado muy triste. Creo que tengo que ir al psicólogo, pero de momento he preferido usar métodos naturales”.
Pero también ha sido duro el año para los supervivientes, como el español Juan Palomares, quién evitó la muerte al seguir el puro instinto de supervivencia, y que está aún bajo tratamiento psicológico.
“Fue un impacto emocional muy grande. El psicólogo le ha dicho que debe tratar de olvidar”, explicó su esposa, Lastenia, que añadió que el doctor había prohibido a su esposo conceder entrevistas y que ni siquiera pensaba quedarse en NY para el aniversario.
El suceso le llevó a pensar que el rascacielos podría desplomarse contra el edificio en que él se encontraba, por lo que inició de inmediato un frenético descenso hasta que alcanzó la calle.
Cuando iba por el piso 20, el impacto del segundo avión hizo tambalearse todo el edificio, según explicó.
Para los familiares de Edelmiro Abad, un ejecutivo de origen español que trabajaba en el piso 90 de la Torre Sur y que falleció en los ataques, ha sido también un año muy duro.
“Sigue siendo difícil, porque para nosotros no va a haber final hasta que podamos enterrar a mi hermano”, señaló Hortensia Abad, hermana del fallecido y que reside en Nueva York.
Recién regresada de España y con el recuerdo emocionado aún por el homenaje a su hermano, Hortensia resaltó que la unión de toda la familia han servido de antídoto contra tanto dolor.
También afirmó que le resulta muy duro cruzar todos los días el puente entre Brooklyn y Manhattan, y ver que las Torres ya no están en el horizonte de rascacielos.
“En esos momentos en que voy sola, ¿qué va a hacer uno sino pensar en ello? Muchas veces tengo que estar preparada con un pañuelo, o me pongo las gafas de sol y me controlo un poco, pero es difícil controlar las emociones y los pensamientos”, indicó.
Los vuelos internacionales fueron desviados hacia otros aeropuertos. Los controladores aéreos que trabajaron durante el 11 de septiembre recordaron la terrible experiencia que vivieron cuando los aviones se estrellaron.
Entre los momentos más difíciles recordaron su esfuerzo para tratar que miles de aviones aterrizaran durante la crisis.
Al inicio de la tragedia, dijeron creer que se trataba de un secuestro ordinario, pero minutos después se enfrentaron a una crisis única en la historia de los EU.
Cuando el primer avión se estrelló contra una de las torres del World Trade Center, el director de controladores aéreos de Nueva York, Michael McCormick, dijo haber sospechado inmediatamente de un atentado.
“Fueron los peores 11 minutos de mi vida”, dijo McCormick. Todos los controladores aéreos observaron cómo los aviones desaparecían de sus pantallas sin poder hacer nada.
Sin embargo, lograron dirigir a 4,500 aviones y limpiar el espacio aéreo en una operación sin precedentes.