El director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, advirtió hoy de que esta institución no puede resolver por sí sola las cuestiones macroeconómicas que afectan a la fluctuación de los tipos de cambio.
"El sistema de la OMC, sus políticas y reglas, no podrán resolver las cuestiones macroeconómicas que están en el núcleo de los comportamientos de las divisas en todo el mundo", dijo Lamy en la apertura del seminario de dos días de duración que analiza a puerta cerrada el efecto de los tipos de cambio en el comercio.
El seminario se celebra a petición de Brasil, país que se siente perjudicado por la apreciación de su divisa y que denuncia lo que considera devaluaciones artificiales por parte de China, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) de sus monedas para estimular sus economías.
"Las reglas de la OMC no arreglarán las pautas nacionales de consumo o de ahorro, no solucionarán los problemas de competitividad de las industrias domésticas, no determinarán las tasas de interés nacionales", afirmó Lamy, que apostó por un enfoque global.
"Todos estos asuntos requieren de una mezcla de cooperación en el terreno macrofinanciero y de políticas domésticas adecuadas, que están al margen de las atribuciones de la OMC", agregó.
Lamy defendió "impulsar la reforma del sistema monetario internacional" y argumentó que "los intentos unilaterales para cambiar o retener el sistema actual no funcionarán".
"Necesitamos un sistema monetario global que inspire confianza, ofrezca estabilidad y supervise los tipos de cambio de manera más eficiente", así como "promover el diálogo y mejorar el entendimiento de los miembros de la relación económica entre tipos de cambio y comercio", manifestó el máximo responsable de la OMC.
Se trata de una asignatura pendiente desde el derrumbe hace cuatro décadas del sistema de Bretton-Woods, nacido tras la II Guerra Mundial, con el que, según recordó Lamy, "había un sistema de ajuste ordenado de las tasas reales de cambio".
"El sistema no era ideal, pero se mantuvo. Pero había un sistema, que proporcionaba un sentimiento de gobierno organizado del sistema monetario internacional. Esto es lo que hoy nos falta", indicó.
Lamy consideró un primer paso entablar un debate sobre este asunto: "por una serie de razones, los miembros querían este debate. Yo pienso que, desde un punto de vista institucional, incluso lo necesitábamos. El asunto es tan antiguo como el propio sistema del GATT y la OMC, pero hacía mucho tiempo que no había sido tratado".
Apostó en este sentido por "una discusión racional, pedagógica y basada en los hechos", distinguiendo "la realidad de las emociones, que inevitablemente surgen en torno a este asunto".
"Los tipos de cambio son, y siempre han sido, un asunto altamente sensible en la OMC. Hay una dimensión emocional, cultural e incluso moral que la comunidad comercial le ha añadido, en el que la frontera entre la realidad y la percepción puede ser difusa", dijo.
Este seminario se celebra después de que Brasil propusiera en 2011 al Grupo de Trabajo de la OMC sobre Deuda Comercial y Finanzas un estudio sobre este asunto desde una perspectiva económica basada en la teoría y en los estudios concretos de casos reales.
El resultado fue un informe del Secretariado de la OMC, difundido el pasado septiembre, sobre la base de 130 estudios de expertos, que "permitieron llegar a la conclusión de que no hay conclusión", según lo caracterizaron fuentes diplomáticas.
Pese a la disparidad de conclusiones, Lamy aprecia un impacto en la economía real y en el comercio internacional de las políticas de ajuste de las grandes economías para reflotar sus sistemas financieros, con la inyección de ingentes cantidades de dinero y con los tipos de cambio haciendo de "correas de transmisión".
"Después de las recientes crisis financieras, la sensación de que los ajustes del sector financiero en las economías ricas destruyen las economías reales, incluidas las de los países más pobres, es muy real en esta institución", declaró el director general.
Esto no quiere decir, matizó a continuación, que los ajustes de los tipos de cambio sean todos malos de por sí.
"De hecho corrigen a menudo los desequilibrios macroeconómicos, financieros o por cuenta corriente, cuya persistencia tendría un coste mayor sobre los actores comerciales", argumentó.