EL JERARCA de la Iglesia Católica es un líder inspirado, con la capacidad de comunicar su visión y conseguir que el grupo la acepte y compartan.
Una de las claves de esta comunicación es el idioma: nos vinculamos más a un Pontífice cuando se comunica en nuestra lengua aunque no la hable correctamente, que mediante la transcripción más perfecta efectuada por el mejor traductor. Así, sus palabras no sólo llegan a la razón sino también al corazón, y sentirnos próximos e identificarnos con él nos hace estrechar aún más nuestros lazos.
Otra característica del Papa, como líder carismático, es su capacidad de estimular el desarrollo personal de cada miembro y de la Iglesia en general, ayudando a tomar decisiones y solucionar los problemas reales.
El mismo cardenal es quien tiene que asumir la tarea de destrucción del anillo del Pescador, utilizado desde Eugenio IV (1431-1444) como sello que da autenticidad a los documentos papales, que pesa onza y media de oro fino (unos 38 gramos), tiene grabado el nombre del Papa que lo usa y lleva en relieve la figura de San Pedro, pescando en la barca.
El Papa es enterrado con otro anillo, de uso habitual y de oro, liso o con algún camafeo o gema tallada, que lleva en la mano derecha; el Pontífice usa en grandes solemnidades otro, el anillo Pontificial: el actual, que pasa de unos papas a otros, lo mandó hacer Pío VII en los primeros años del siglo XIX.
Antes del sepelio, el cuerpo del jerarca de la Iglesia Católica se deposita dentro de tres ataúdes, metidos uno dentro de otro; el exterior es de madera de olmo pulimentada, el de en medio es de plomo, y el interior es de madera de ciprés, considerada incorruptible y forrado en terciopelo carmesí.
Antes de proceder al cierre del ataúd, que por lo general se hace en la basílica de San Pedro, se introduce un pergamino en el que va escrita, en latín clásico, una relación de los hechos más destacados del Pontificado.
Asimismo, y junto al cadáver, se depositan tres bolsas de cordobán (piel curtida) de color rojo con las monedas de oro, plata y cobre acuñadas durante su Pontificado.
Posteriormente, los ataúdes de ciprés y de plomo se atan una vez cerrados con cordones de seda morados, cuyos extremos se unen con una cera derretida en la que el cardenal camarlengo imprime el escudo de armas del Pontífice.
Finalmente es competencia, también del cardenal camarlengo, que "después de la sepultura del Sumo Pontífice y durante la elección del nuevo Papa, no se habite ninguna parte del apartamento privado del Sumo Pontífice".
Los Papas son enterrados tradicionalmente en la basílica de San Pedro, salvo que el Pontífice en su testamento establezca otro lugar.
San Pedro es el mayor templo de la Cristiandad y está ubicado en el Estado más pequeño del mundo, sobre la colina del Vaticano, en Roma, y a la orilla derecha del río Tíber.
No obstante, hay Papas enterrados en las catacumbas, así como en diversas iglesias de Roma y de Italia.
En su suelo y capillas reposan los restos de numerosos pontífices, además de los 49 mausoleos o monumentos funerarios que acogen restos mortales de Papas de la cristiandad, como los de Inocencio III, Urbano VIII, y Clemente XIII.
En la cripta están además los restos mortales de más de un centenar de papas, entre ellos los de San Pedro, así como los de San Gregorio Magno, San Leo, San Pío X, Pablo VI y Juan Pablo I, estos dos últimos fallecidos en 1978.
Además, en las grutas vaticanas reposan los cuerpos de los dos papas españoles, Calixto III, fallecido en 1458 y Alejandro VI, Rodrigo Borgia que falleció en 1503.