Representantes de 11 Gobiernos del Movimiento de Países No Alineados (NOAL) guardaron hoy un minuto de silencio en Washington por el presidente polaco, Lech Kaczynski, que murió el sábado en un accidente aéreo junto con su esposa y otras 94 personas, informó la Casa Blanca.
Los dignatarios, de América Latina, Ásia y África, participaron hoy en un almuerzo de trabajo con el vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, en el marco de la Cumbre de Seguridad Nuclear de dos días que arranca esta noche con una cena de Estado que reunirá en Washington a un total de 47 países.
Biden señaló que la cumbre, el mayor evento de este tipo auspiciado por un presidente estadounidense desde 1945, es un acontecimiento "histórico" cuyo objetivo es crear un mundo "mejor y más seguro".
El encuentro busca llamar la atención sobre la grave amenaza del terrorismo nuclear y persigue implementar medidas que impidan a grupos como Al Qaeda hacerse con uranio enriquecido o plutonio refinado con los que fabricar un arma nuclear.
El "número dos" de la Casa Blanca reiteró hoy la voluntad de EE.UU. de trabajar para lograr un mundo sin armas nucleares.
"Creemos que es un objetivo alcanzable y es nuestro objetivo", aseguró durante el almuerzo en el que hizo de anfitrión.
Recordó, en ese sentido, la histórica reducción del arsenal nuclear pactada entre su país y Rusia.
"Hemos dejado claro que las reducciones que tendrán lugar serán reales, transparentes y vinculantes", señaló en referencia al acuerdo entre Washington y Moscú.
La Casa Blanca ha identificado el terrorismo nuclear como la principal amenaza a corto, medio y largo plazo para la seguridad de Estados Unidos y el mundo, algo en lo que hizo hincapié hoy Biden.
"Como líderes globales, todos sabemos que hay grupos extremistas y actores no estatales que buscan hacerse con materiales nucleares para fabricar una bomba", afirmó.
El vicepresidente subrayó que hay cientos de toneladas de material nuclear desperdigado por más de 40 países, "incluidos EE.UU. y muchos de los países aquí presentes".
Indicó que sólo son necesarios 22 kilos de uranio de gran pureza para fabricar una bomba que podría destruir cualquier zona céntrica de las grandes capitales mundiales y matar "decenas o cientos de miles de individuos".
Dijo que, dada esa situación, es en interés de todos lograr que los materiales peligrosos estén debidamente asegurados.
Recordó, para finalizar, que más de la mitad de los materiales nucleares peligrosos en el mundo no están en manos de los Gobiernos sino de la industria e insistió en la necesidad de trabajar con el sector privado para solucionar las preocupaciones compartidas por la comunidad internacional.